Christian Stöll

astilleros modernos

Las impactantes imágenes de este fotógrafo alemán nos muestran el tras-bambalinas de las grandes multinaciones tecnológicas. El futuro se fabrica aquí.


Todo sale de acuerdo a lo planeado, las pruebas dan razón a los científicos y la migración al próximo sistema solar se convierte en un asunto inminente. ¡Nuestra especie se propagará por el universo! Fuegos pirotécnicos, maniobras políticas y discusiones en las mesas de cocina. Por ahora, los protagonistas no son ni astronautas ni colonos, sino los operadores de los astilleros, que solían pasar desapercibidos pero que hoy están más ajetreados que nunca, y encima acoquinados por la prensa. “No se trata de nosotros”, les responden ellos. “Son las máquinas las que lo están haciendo realidad”.

No sabemos dónde se construirán los navíos del mañana, pero imaginamos que algo tendrán que ver con los hangares y data centers que guarecen los tesoros tecnológicos de hoy en día. En su serie Epic, el fotógrafo alemán Christian Stoll nos muestra los imperios logísticos y los aposentos sintéticos de empresas como IBM, Microsoft y General Electric. Y lo que vemos es que detrás del sistema que nos mantiene hiperconectados y a ritmo frenético día tras día, se esconde una realidad que aún más que grandiosa, nos pareció apacible.

“Tengo una fascinación por el diseño de productos y entornos de alta tecnología. La función pura de la tecnología hace que las cosas parezcan obras de arte”, nos dice el fotógrafo. “Un carro de Fórmula 1 es una gran obra de diseño, pero en realidad ha sido ensamblado bajo aspectos puramente tecnológicos, en un proceso totalmente analítico y funcional. Y sin embargo, el resultado también es bello, puro y conmovedor”. En sus fotos, las turbinas parecen esculturas y los servidores parecen monolitos. Son una celebración al descaro de nuestra especie.

Christian nació en una familia de fotógrafos. Su abuelo inició en los años 20 un negocio de fotografía de documentos y catálogos para fábricas locales, y su padre y sus hermanos continuaron ese legado, pero él decidió dejar el pueblo y mudarse a Düsseldorf. Poco después volvería a mudarse, a Nueva York, para ejercer de fotógrafo publicitario. “Quería explorar el mundo, inspirarme en una vida más urbana y cosmopolita”. Entonces las grandes multinacionales empezaron a contratarlo para que capture la espectacular maquinaria que operaba tras bambalinas.

“En cuanto a la iluminación, prefiero que sea muy suave y natural: simple, limpia y sin estilismo.” Para sus fotos, Christian busca locaciones de dimensiones impresionantes y les otorga su carácter épico gracias a lentes de ángulos muy abiertos y al combinar varias tomas -a veces desde diferentes perspectivas- en una sola imagen. “Hay una línea muy delgada entre la fotografía artística y publicitaria, y exactamente allí está mi zona de confort.”


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