Erik Spiekermann

hombre de letras

UN GUTENBERG MODERNO. DESDE ALEMANIA, ERIK SPIEKERMANN NOS HABLA SOBRE SU PASIÓN POR LA PRODUCCIÓN DE LIBROS, SOBRE LOS GAJES DE SU PARTICULAR OFICIO Y SOBRE LA REVOLUCIÓN INFORMÁTICA DE NUESTROS TIEMPOS.

  • nacionalidad alemán
  • profesión tipógrafo

Ellos escriben sus frases y Erik Spiekermann las hace bonitas. Desde hace cincuenta años ha funcionado así: alguien genera alguna información y Erik construye los soportes para transmitirla. Ese soporte puede ser, por ejemplo, una familia tipográfica: las ha trazado por decenas, y entre ellas constan Meta y Officina, algunas de las más utilizadas y reverenciadas del planeta. Pero también puede tratarse de la publicación completa, como el Economist; o el sistema de tráfico de una metrópoli como Berlín; o el logotipo de alguna institución como Audi, Volkswagen o Bosch. Autoproclamado tipomaníaco, Erik ha dedicado su carrera a su obsesión por la buena letra. Y sigue en esas: ya cumplió 68, pero aún trabaja desde su estudio, United Designers Network, y su taller, Fontshop89. Además, mantiene su buen humor y su espíritu crítico, y como con sus composiciones gráficas, es capaz de sintetizar conceptos complejos con simplicidad y lucidez.

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¿Cómo empezó tu pasión por la tipografía?
Yo tenía seis o siete años, y mis vecinos eran tipógrafos. Recuerdo esa prensa: había tipos, latón, metal; todo sucio y desparramado por todos lados. Ponían chorros de tinta grasosa, una hoja de papel y giraban la máquina. Y de repente, sobre la hoja, las letras en tinta negra. Ya podía leer en ese entonces, y me pareció un milagro: precisamente las letras que ellos querían y donde ellos querían que estén. No tenía sentido, porque provenía de sucios pedazos de metal, y para mí esa transformación fue mágica: cómo podían sacar sentido a partir de ese material. Una parte es solamente metal, pero la otra es ingenio, poesía, literatura, cualquier cosa. Piensas en la invención del alfabeto y es una de las grandes invenciones de la raza humana: la rueda, el fuego, el alfabeto -la capacidad de escribir lo que recordamos y escribir nuestros conocimientos. La tipografía es el lenguaje físico: sin tipografía, no podríamos leer o escribir o comunicarnos entre nosotros, excepto hablándonos y gritándonos. Todo el conocimiento que la raza humana ha adquirido en los últimos años… es verdaderamente increíble.

¿Cómo es que transformamos esas ideas, que solían ser expresadas con sonidos, a letras?
El alfabeto es el pináculo de la abstracción. Primero dibujábamos estas pequeñas imágenes; luego tuvimos el alfabeto chino, que también contenía imágenes, y luego empezamos a abstraer. ¿De dónde salen las formas? Algunas fueron como “luce como una serpiente, luce como una S”; otras se basaron en cómo formas tus labios para pronunciarla, como la O, pero la mayoría son totalmente abstractas. Ha tomado miles de años para que el alfabeto sea lo que es, aunque ciertas letras sigan siendo confusas. Si estás enseñándoselo a un niño, y le dices “ésta es la b”, y al día siguiente le dices “ahora estás viendo a la d”, el niño seguramente te dirá “oye, espera un momento”. ¡Es la misma letra! Y el día siguiente le presentas la p, y la q, y es una locura. Y sin embargo, las podemos aprender e identificar.
Entonces llegamos los diseñadores, que tomamos ese esqueleto reconocido y aceptado por todos, y le añadimos un poco de emoción. Las letras cambian de apariencia por esa emoción, pero también por el lenguaje en el que han sido escritas, por el mensaje en sí mismo y por la tecnología: si han sido escritas con un esfero, con un bolígrafo de pluma o con una brocha; si los tipos han sido construidos de madera o metal. Todos estos elementos se reúnen y a ese conjunto lo encuentro fascinante. Nunca dejamos de manipular y enriquecer a nuestras simples letras. Hay gente que dice: “todo lo que necesito es el alfabeto, no sé para qué necesitamos más tipografías”. Yo creo que hay necesidad humana de percibir emoción, y es la misma razón por la que no tenemos solamente una canción. La tipografía es como un instrumento. Nunca dijimos: “el piano es suficiente”; dijimos: “hagamos un violín”.

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¿Y cómo crees que ha cambiado, a lo largo de los años?
Siempre he dicho que cada vez que hemos descubierto una nueva tecnología, los alfabetos han cambiado dramáticamente. Antes teníamos letras cuadradas, porque era más fácil construir tipos cuadrados que redondeados. De la madera pasamos al metal, y eso nos permitió ser más flexibles. Luego llegó la computadora y ahora podemos hacer lo que queramos: los titulares pueden ser tan gordos o delgados como quisiéramos. Ya no hay limitaciones físicas de lo que podemos diseñar, pero sí hay limitaciones de lo que podemos mostrar: nosotros mismos somos una limitación tecnológica. Por eso, los libros de casi todo el mundo son prácticamente iguales: su texto suele ser de 9 a 11 puntos, llevan 50 a 70 caracteres por línea, y la distancia entre líneas es igual. Y es porque nuestros ojos están el uno junto al otro; nuestros brazos miden 70 centímetros, quizás un metro, pero si tengo un libro conmigo, miden medio metro, 35 centímetros; el arco del globo ocular: son reglas que no podemos cambiar.

Has comparado a la tipografía con la música.
Sí, sí. Hay ritmo, hay contraste, hay armonía. La melodía es una cosa. El escritor la compone y yo añado instrumentalización: puedes tocar la misma melodía en un violín, o en una guitarra, o en una orquesta. Yo añado sonido, pero la melodía es la misma. El lenguaje es el que tú utilizas y manipulas, pero yo puedo ser ruidoso o tranquilo o suave o agradable o estridente. Es muy, muy comparable. El lenguaje es música, estoy seguro. Y en cada letra funciona así: puedes hacerla callada, tan solo una silueta ligera; o abultada, sin contraste; ás pera, con contornos rectos, o suave, muy redondeada. Esos son los elementos con los que jugamos.

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¿Cómo has percibido la evolución en cuanto a cómo hemos utilizado el diseño gráfico y la tipografía?
Ciertamente la población está más consciente de su uso. Hace unos años, nadie sabía qué hacer con respecto a las fuentes: tenían dos o tres y pensaban que simplemente estaban allí, como el aire está allí o los árboles están allí. Ahora tienen sus computadoras, y las usan todo el tiempo, y la gente se dice: “por Dios, ¡alguien debió haberlas creado!”. Tienen una opinión, quieren más opciones, y tienen un criterio más informado al respecto.
Es un buen ejemplo que me estés llamando desde Sudamérica, porque cada cultura tiene una expresión tipográfica, y eso se ha difundido. La industria tipográfica solía ser dominada por máquinas alemanas y norteamericanas; pero ahora todos pueden participar del proceso. Se dieron cuenta que pueden expresarse a través de la tipografía y que tienen las herramientas para hacerlo. Cuando empecé en los 70s, había quizás cien tipógrafos en el mundo, y los conocía a todos. Ahora hay decenas de miles. Y así, la comunidad crece, intercambiamos ideas, los cursos se multiplican. Es fantástico.

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Y hay quien dice que estamos leyendo menos que nunca.
Oh por Dios, ¡eso no es verdad! El internet es todo letras. ¿Qué haces en él, aparte de ver videos de gatos? ¡Lees! Pueden ser párrafos más pequeños, y solamente 140 caracteres en Twitter, pero esencialmente lo que la gente hace es leer, leer y leer. Ni siquiera creo que se esté leyendo menos libros, tampoco. Muchas de las grandes cadenas de libros están muriéndose, sí, pero las pequeñas editoriales están creciendo, y están publicando tantos libros como siempre. Hay nuevos tipos de libros, nuevos tipos de lecturas. Lo que está cambiando radicalmente son los periódicos, porque nadie quiere leer el titular de ayer por la noche, pero incluso ellos se están volviendo más analíticos, ofrecen más fondo. Yo creo que sobrevivirán.
Lo mejor del impreso es que no hay límites de espacio: puedes abrir el diario y encontrarte con algo que no estabas buscando, porque el tamaño del papel lo permite. Abres un periódico y te encuentras con algo que no sabías que querías saber. Serendipia. Es algo que encuentro muy enriquecedor, mientras que en una pantalla solo puede entrar una noticia, y tengo que hacer click, ir allí, aislarme, hacer click de nuevo, olvidar dónde estaba. Son sus limitaciones físicas. Después de todo, la pantalla es bidimensional, y el libro es tridimensional.

Y ya nos estamos saturando.
Así es. La gente lee en sus teléfonos, pero la experiencia de leer en la pantalla ya no está creciendo: la gente está regresando a los libros. Y es por eso que tengo un taller análogo en Berlín, y nos está yendo muy bien.


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