Jung Lee

loves loves to love love

“A PESAR DE QUE UTILIZAMOS EL LENGUAJE PARA EXPRESAR Y EXPLICAR COSAS, ME EMPECÉ A DAR CUENTA QUE ESAS PALABRAS NUNCA PODRÍAN ENCARNAR NADA, Y QUE EL LENGUAJE INCLUSIVE PODRÍA SER UNA TRAMPA -ALLÍ ES CUANDO LAS IDEAS EMPEZARON A FLORECER”.

  • profesión artista
  • nacionalidad surcoreana
  • fotografías cortesía one j gallery, seúl

Jung Lee, veinteañera surcoreana, acababa de llegar a Londres. Tras todas esas confusiones en inglés (tan distinto a los textos con los que lo había aprendido), el lenguaje le pareció más limitado que nunca. Entre tantas malinterpretaciones, estaba experimentando un fenómeno fascinante: los textos se le convertían en imágenes. Apenas iniciaba su maestría en arte y ya sabía qué tema quería abordar. ¿Hasta dónde llegan las palabras? ¿Cuándo empieza y termina su alcance? ¿Y cómo es que, utilizándolas, expresamos amor? ¿Qué significa “amor”, de todas formas?

Mientras trataba de apaciguar sus nuevas consternaciones, leyó y releyó El Discurso del Amor, de Roland Barthes. En la novela, el protagonista busca descifrar incesantemente los misterios del amor, siempre decepcionándose con los hallazgos. “Mientras consumes una y otra vez las palabras trilladas del amor”, dicen sus páginas, “el objeto del afecto reemplazará al amor; él o ella se convertirán en amor”. ¿Y las palabras, qué fin tienen? Lo que quedan son dulces nadas, reiteradas en el aire.

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Al mismo tiempo, Lee recolectaba expresiones comunes de amor y odio difundidas por medios de comunicación. “Si googleas ‘I love you with all my heart’”, ha dicho, “obtendrás dos millones de resultados. ¿Qué pasa si tomas esas construcciones del lenguaje y las arrojas en sitios inhabitados, incapaces de alcanzar a nadie?” El resultado es Aporia (2010), que en griego quiere decir “llegar a un callejón sin salida”. Y es que, se figuró, al amor no se le puede explicar ni con lógica ni con filosofía. A través de su proyecto, Jung reveló otra de sus infinitas facetas: tomó los clichés encontrados, los escribió en neón y los fotografió en paisajes inhóspitos, sin que ningún amante pueda apropiárselas.

El neón de sus fotografías funciona como el vehículo ideal para sus exploraciones: brotes lumínicos en medio de la oscuridad, que no solo anuncian un mensaje sino lo impregnan de resplandor. A su vez, los paisajes inhabitables traen consigo una nueva dimensión de desolación. “El neón se une al paisaje y cuenta una tercera historia. Sobre la nieve, sobre el océano, en medio de la ciénaga: se trata de escenas imposibles, pero incitan a memorias remotas y pensamientos imaginativos de la audiencia. El espectador no está mirando ‘el mensaje de un artista’, sino, como se trata de frases tan comunes, es su propia voz la que las enuncia. Para mí, eso marca toda la diferencia.”

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Su obra continuó con Día y Noche (2012); esta vez, su texto guía fue la Divina Comedia. Más que expresiones que evoquen al amor, indagó en los propósitos por los que lo buscamos. Abordó a Dios, a la muerte, a nuestro anhelo de luz inmortal, y a cómo, mediante la fe, tratamos de ascender a ella. Nos invitan a indagar sobre qué decimos con lo que decimos, a reflexionar sobre la soledad y por qué la tememos, y a descubrir qué nos dicen estas frases de siempre en contextos insólitos. “Yo no trato de decir nada”, dice Lee. “Quiero que el interlocutor dialogue consigo mismo.”


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