KAROLIINA PAATOS

centauros del desierto

UNA JOVEN FINLANDESA DECIDE COMPROBAR SI ES QUE LOS RANCHOS DEL VIEJO OESTE SON COMO EN LAS PELÍCULAS. LA REALIDAD, PARA VARIAR, RESULTÓ MÁS DRAMÁTICA QUE HEROICA.


Hubo un rato en que llegamos a dudar si sí existían: si todo el mito del cowboy hoy por hoy no era más que una excusa para seguir vendiéndonos Marlboros, perpetuar el legado del Ranger de Texas y emborracharnos en los rodeos. Llega una chica finlandesa, dice que se ha pasado preguntando la misma cosa y como quien le saca el jugo al año sabático y ejerce el auténtico intercambio cultural, decide refundirse en un rancho en Nevada y veamos cómo son los vaqueros de verdad.

Cruza el Atlántico y confirma la fantasía: el jinete atraviesa los bastiones de polvo, arroja la cuerda, atrapa a la fugitiva a toda velocidad. Ahora todos vamos a pastar. Es como las películas, pero este western tiene más escenas de drama doméstico que secuencias de acción inauditas. “No es una vida fácil”, dice Karoliina, y será por eso que sus fotos le salen impregnadas de tanta seriedad. Enumeremos agravantes: las corporaciones se tomaron las tierras de sus abuelos; sol y desierto no entienden de clemencia; la paga es escasa y el desgaste costoso.

Pero tampoco es que la vida del cowboy moderno sea toda tragedia. Lo que ha buscado Karoliina es retratarla en su intimidad, y para ello ha documentado contemplaciones a atardeceres, niños aferrados a borregos y jovencitas haciéndose las trenzas antes de salir de casa. En la vida real, todos sí usan -ejem- vaqueros, y aunque todos sean azules y rígidos y casi siempre polvorientos, en cada comunidad hay un catálogo de estilos distintivos. A Karoliina siempre le fascinó precisamente esa estética, y nos cuenta con entusiasmo que todos los clichés eran reales: hebillas artesanales, chaparreras con flecos; rifles y escopetas; todo el mundo fuma, atrapan ganado con su lazo y guardan sus secretos con sus caballos. Pero tras las fachas de siempre estaban los auténticos vaqueros, que a más de todos los rituales, nos dice Karoliina, le resultaron bien simpáticos, y que la acogieron como uno de los suyos. Ya los ha ido visitando durante siete años. Por lo pronto, ha publicado American Cowboys en una editorial de Eslovenia. Tiene un proyecto de rodeos gays y un proyecto de niñas cowgirls; las ha visto crecer desde que tienen tres.

 


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