LISBOA

lust for tiles

UN RECORRIDO POR LA CIUDAD MUNDIAL DEL AZULEJO: PANELES ANTIGUOS, HISTORIAS SINGULARES, ARTE CONTEMPORÁNEO, ESPACIOS CENTENARIOS Y TRADICIÓN CULTURAL.


Lisboa, 29°C y un tranvía amarillo (posiblemente el 28) por tomar. Al parecer, el street-art le llegó a la ciudad hace rato. Artistas del sigo XVI llenaron las calles y plazas, lugares donde ahora existen cafés, bares, iglesias, escuelas y hospitales -desde los techos hasta los pisos-, con santos o con ninfas de muchos colores. ¿Se habrán imaginado cuanto tiempo conservaríamos su trabajo?

Históricamente, esta ciudad presume sus azulejos: palacios, casas, residencias, estaciones de tren; encontramos cerámica en las formas y estilos más variados que le atribuyen un carácter especial a esta capital europea. Esta tradición comenzó con los alfareros cristianos,que adoptaron una técnica antigua del arte islámico (el zuleiq) y su desarrollo se prolongó a lo largo de los siglos venideros.

ENTONCES, EL MUSEO DEL AZULEJO

La preciosa fachada de este edificio (del siglo XVI) es azul blancuzca; pero no, no todo adentro tiene los mismos tonos. La magnífica colección ilustra la historia del arte del azulejo y sus diversas influencias, árabes, europeas, e incluso asiáticas. Se puede observar su adaptación a nuevos tiempos. Las diversas habitaciones y arcos sirven de salas de exposición para escenas religiosas, de la vida cotidiana, o motivos geométricos. En una área reservada, algunos artesanos restauran piezas antiguas para asegurar la conservación de este patrimonio. Algo silenciosos pero, si insistes, seguro te cuentan una buena historia.

EL PALACIO Y LOS AZULEJOS DEL BARRIO ANTIGUO

Al adentrarse entre los recovecos de Alfama, las fachadas nos saludan recubiertas de brillantes azulejos, las baldosas invocan a santos protectores y las plazoletas combinan tonos amarillos y rojizos. La belleza de los colores es innegable.

Por recomendación de la -muy maternal- dueña de un pequeño local de comida, llegamos al Palacio de Belmonte. Ahora funciona como un hotel pero también está abierto para deambulantes curiosos. En la sala principal hay 30.000 azulejos decorativos (siglo XVIII), trabajados para su conservación, y en la “Sala del Gobernador” hay un panel (siglo XVII) que representa a una señora de la época, sentada con amigas mientras fuma un puro. Este último cuadro es una anomalía: un comportamiento algo “libertino” para la época.

UN MIRADOR DESLUMBRANTE

La imagen de un cliché satisfactorio: buganvilias y paredes de azulejos desconchados, belleza decadente en el mirador de Santa Luzia. A espaldas del mirador se encuentra la Iglesia de Santa Luzia, que conserva un panel de azulejos elaborados por la tradicional Fábrica de Cerámica da Viúva Lamego.

AZULEJOS INESPERADOS

Hablemos de la línea roja del metro de Lisboa: se inauguró en 1998 con motivo de la exposición artística mundial que se celebró en la ciudad. Once artistas, venidos de los cinco continentes, representaron la temática central de la Expo 98: los océanos. En la estación de oriente el islandés, Errö, creó una historia de mitos y leyendas; casi un cómic en azulejos. En la estación de Cabo Ruivo nos sorprendió el arte prehistórico del artista plástico David de Almeida. Y en la estación de Saldanha, recubriendo las paredes, existen fragmentos de poemas de Almada Negreiros.

CERÁMICA DA VIÚVA LAMEGO

Finalmente llegamos a la fábrica más conocida de la ciudad. Alberga la exposición de Viúva Lamego, una marca portuguesa tradicional de azulejos; seguro sus creaciones son de las más bonitas de la ciudad. Los azulejos, del siglo XIX, muestran motivos asiáticos; una mezcla muy curiosa gracias al comercio entre portugueses y ese continente. En el edificio de al lado está la tienda “A Vida Portuguesa” y probablemente, como nos pasó a muchos, después de este paseo querrás todo lo que veas. Encontrarás desde recuerdos hasta colecciones que, obviamente, “necesitas” para decorar alguna parte de tu casa.

Cada esquina de Lisboa está llena de historias. Cada una de estas piezas de cerámica representa herencia cultural y conocimientos del arte, la paciencia, el sumo cuidado de los maestros y, por supuesto, los cuidados de toda su gente.


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