MARCELO MONREAL

inside out

La belleza interior pero con glamour. Los coloridos retratos de este artista brasileño nos invitan a cruzar por un momento la puerta hacia adentro.


Juguemos a las ollas encantadas con Marcelo Monreal: coge tu bate, venda tus ojos, date unas vueltas, pega con fuerza. ¿Qué es lo que queda? De cada vasija una primavera completa: un exquisito entreverado de dalias, lirios y violetas. ¿Puedo jugar yo también? Claro, pero no confundas los amigos con las réplicas, porque si golpeas al que no es, no obtendrás laureles ni jacintos, ni cayenas: solo habrás estampado un distinguido moretón.

¡Qué descarado! ¡Y literal! ¿A quién se le ocurre contornear contenedores como si fuesen rostros, y arriesgar a que en plena fiesta nos partan la cabeza? De eso no me culpes a mí: el que nos ha invitado a jugar es Marcelo, que ahora disimula con un relato conmovedor. “Poco antes de morir, mi mamá me sacó a podar el jardín. Yo le pregunté: ‘mamá, ¿de qué está hecha la gente?’. Se quedó pensando y me respondió:’de flores’. Nunca me voy a olvidar”. En ese caso, se me hace que el juego es otro: habría que botar los bastones, soltar las miradas, sosegar las andanzas y dejar que se des- tape nuestra esencia floral. Ahora bien, para ensamblar tales invitaciones no trabaja ni con barro ni con plantas de verdad. “A mí no me importa si el arte es digital o analógico. Lo que me importa es la idea, el mensaje que transmite. Yo creo que hay espacio para todo tipo de artistas, para que trabajen en todo tipo de soportes, y que todo arte es válido mientras intrigue al espectador de alguna manera”.

Tampoco es que el artista reniegue del aspecto de todo semblante: más bien nos recuerda de nuestras germinaciones bajo superficie, tantas veces escondi- das, sometidas a tantos juicios, que brotan de cuando en cuando y cuyo efecto suele ser trascendental. Al mismo tiempo, nos invita a imaginar nuestras auténticas moradas internas, cuya apariencia debe ser aún más enredada que la propuesta por la ciencia. En ese caso se me hace que el juego es este: cada quien un jardín distinto, ahora salgamos a explorar.


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