Personaje :: Salvador Dalí

“La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”

A 30 años de su muerte en BG le rendimos un tributo a su genio


Un 23 de enero sería, pero por allá en el año 1989, escuchando su obra preferida: Tristán e Isolda, Salvador Dalí moriría por un paro cardiorrespiratorio. Después embalsamado y enterrado bajo capas de tierra, en aquella cúpula del museo que lleva su mismo nombre. Por deseo testamentario, el estado español fue declarado su heredero universal.

Se podría tratar de otro de los sueños oníricos en los que Dalí encontraba la clara reacción del inconsciente hacia la desabrida realidad. Pero de este sueño el genio jamás se despertaría. Con un parkinson desarrollado por los años y signos de senilidad, al igual que su espíritu por la muerte de Gala, (su amada) su lucidez mental también iba en un nostálgico deterioro. Quizá en el último año, Dalí dejaría de lado su narcisismo tras comprobarse humano y sentirse vulnerable como todo ser humano que libra batallas contra el tiempo.

Sus recursos creativos eran multidisciplinarios y desembocaban en la misma mano que tanto entregó al mundo del arte. Fotografía, cine y escultura recreaban la misma solidez que sus pinturas. En toda su aventura creativa Dalí supo encontrar la perfección surrealista que ni el mismo André Bretón soñaría ni con el mas fuerte alucinógeno. Ya lo dijo él mismo: “Yo soy el surrealismo”.

Evitando los vericuetos políticos de la España de Franco, Salvador Dalí sería acusado de fascista, y esto por gozar de veneración por parte del partido del presidente. “Premonición de la guerra civil”, el nombre de uno de sus cuadros se ajustaría de manera perfecta a la tensión que viviría España. La visión autodestructiva de los acontecimientos también son apreciados en su obra “Canibalismo de otoño” donde se divisan cuerpos amorfos en plena disputa por ver quien conforma a quien; tenedores, cucharas y manos como herramientas de acicalo.

Pero fuera de todos estos entramados de su vida política y social, Dalí era un artista del sueño y un arquitecto de la imaginación. Pretendía emancipar la creatividad y la imaginación para establecer nuevos modelos de conducta. Como surrealista fue un buen militante, llevó la actividad onírica a una intención diagnostica de nuestro inconsciente, se llenó de simbolismos y manchas de pintura en su taller, estudio a Freud y las etapas biológicas del sueño, utilizó la libre asociación como propuesta y a todos sus críticos les salieron caries cada que pronunciaban los rimbombantes nombres de sus cuadros.

Dalí sin embargo, fue revolución aunque la predicaba de otra manera, su estrafalario estilo y su histrionismo proclamaron que la verdadera función del pensamiento debía ser dictado en ausencia de todo control ejercido por la razón, “fuera de toda preocupación estética y moral” como diría en el manifiesto surrealista.

Esta columna ha de ser escrita desde la muerta hacia el nacimiento como Dalí lo hubiera querido, así podemos ver a un Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, fascinado por el arte renacentista en su juventud o más joven corriendo en Figueras creyendo ser la copia de su propio hermano muerto. El mismo lo diría:

“… nos parecíamos como dos gotas de agua, pero dábamos reflejos diferentes… Mi hermano era probablemente una primera visión de mí mismo, pero según una concepción demasiado absoluta”.