Ríos de Avisos

transitando por el sudeste asiático



  • fotos iStock AMzPhoto, mazzzur, Sean Pavone, 501room, starcevic

Los crucigramas luminosos se suceden esquina tras esquina, pero no podemos detenernos a resolverlos: una cavilación y el caudal de transeúntes ya nos estará arrastrando hacia otra parte. Mientras navegamos, el espectáculo de atuendos, luces y colores se transforma a cada instante. ¿Cómo es, a qué se parece? Tres viajeros nos describen sus aventuras en tres tumultuosas metrópolis orientales.

khao san road, bangkok
por: pedro ramos

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Esta calle, ubicada en el centro de Bangkok, a pocas cuadras del río y de los principales templos budistas, es de esos pocos lugares en donde puedes sentir hastío con placer, queja con satisfacción y cansancio con resistencia. Khao San Road por sí misma capta interés por todo aquel que visita Tailandia. Hay música en alto volumen de todos los gustos, figuras de Buda de todos los tamaños, ropa hipster y tradicional, ladyboys que te invitan a sus bares de ladyboys, shows de pole dance; alacranes y gusanos de todos tamaños; kebabs, fruta y pad thai para comer. Cientos de hostales baratos y tatuadores de todo precio, puestos de Masaje Tailandés en la calle para turistas cansados de esquivar mochilas y letreros luminosos escritos en diferentes idiomas se juntan en un lugar casi alucinante.

No es de extrañarse que este lugar bullicioso y carismático, de fiesta callejera, ventas ambulantes y comida infinita, pueda llegar a herir creencias y afectar a los más sensibles. Sin embargo, con su peculiar magia cosmopolita mochilera, Khao San Road ha cautivado a miles de turistas de todo el mundo y se ha convertido en unos los destinos más visitados del sudeste asiático.

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myeong-dong, seúl
por: belén espinel

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Saturación. Al llegar, tus ojos no podrán creer el caos que están presenciando. Conocido por muchos como la mecca del shopping en Seúl, Myeong-dong no es solo un distrito comercial, sino una verdadera probadita de la loca cultura coreana.

Cada día, alrededor de un millón y medio de personas hacen sus compras en sus más de 500 locales, que incluyen a las dos tiendas departamentales más grandes de Seúl, marcas de retailers internacionales y casas de cosmética (donde puedes entretenerte maquillándote y luego salir con cargamentos de muestras gratis). Además, hay que sumar a los vendedores ambulantes, repartidores de flyers, promotoras y temperamentales ajummas. Busques lo que busques, alguien aquí lo estará vendiendo.

Si el shopping te abruma, entonces es tiempo de un café. En Myeong-dong basta con levantar la cabeza y buscar entre sus letreros la palabra koppi; disfrútalo mientras acaricias a un gato, a un perro, a una oveja o a un mapache. Afuera, en medio del ruido de la calle, se juntan artistas k-pop, parejas que visten igual, imitadores de estrellas y bandas de hip-hop. Para completar el recorrido es obligatorio detenerse por un momento (cuidando no ser atropellado por la multitud), y contemplar la mezcla tan extraña, ruidosa y maravillosa que ofrece este lugar.


shibuya, tokio
por: joaquín lópez

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Luego de entrenar en el Dojo del gran maestro Hatsumi Sensei, un lugar mágico y misterioso a las afueras de Tokio, fuimos a pasear al famoso cruce de Shibuya, “el barrio electrónico”, y también a comprar un cargador compatible con el teléfono de un amigo argentino. Pensé caminar en plasma y que una robot me iba a decir “bienvenido, Joaquín”, pero no pasó. Aparte del olor a nuevo en la estación de metro y la lucha interior de mi mente que se esforzaba por leer japonés sin saber japonés, no me mataron ni las megapantallas, ni los peatones apurados ni la sensación de estar en el centro del mundo a punto de explotar igual que en el Times Square. Más bien, mi recuerdo fue sentirme “globalizado” y, al mismo tiempo, sentir que el mundo es simple al entrar a varias ferreterías viejas y empolvadas en las calles laterales, sin mucha luz y sin encontrar el cargador.

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