ROWLAND RICKETTS

blue is the warmest color

EXTRAER ÍNDIGO NATURAL ES COSTOSO, DEMORADO E IMPRÁCTICO. PERO COMO VEMOS EN EL TRABAJO DE ESTE ARTISTA, PUEDE SER UNA PUERTA HACIA LO SUBLIME.


“Hay una diferencia muy importante entre cómo se hace arte en Japón y cómo se hace en Occidente”, nos dice Rowland Ricketts. “En Japón, el artista está encargado en dar voz a los materiales. Sea cerámica, fibra o vegetales: los materiales tienen algo que decir por sí mismos, y el rol del artista es otorgarles expresión, revelar su mundo interior. En Occidente es prácticamente lo contrario: el artista tiene una idea, suya, y utiliza los materiales para expresarla”. Él, por su parte, ha transitado entre ambos escenarios desde hace años. Nació en Indiana, sí, pero ni bien acabó el colegio y se fue de intercambio a Tokio. La experiencia le resultó fascinante, y pululó por años entre las islas niponas como profesor de inglés y de fotografía. Ahora bien, después de una de sus clases, cayó en cuenta que los residuos químicos de su laboratorio iban a parar directo en el sistema de agua potable del poblado. Dadas las circunstancias, tendría que encontrar una disciplina más sustentable.

En eso, uno de los amigos locales le dijo que vaya a una exposición en Osaka: los viejos maestros del índigo se habían tomado un museo y los telares coloreados develaban cientos de matices en cada habitación. “Cinco minutos allí dentro y ya supe qué quería hacer con mi vida”. No fue fácil explicárselo a sus padres: había decidido mudarse a una vieja granja en Tukushima y por dos años se dedicaría a sembrar, cultivar, fermentar y extraer los pigmentos de las caprichosas plantas de índigo. Pero no solo se familiarizó con cada pormenor de esta técnica milenaria, sino que conoció a su esposa, Chinami, que por su parte se dedicó a los tejidos y con quien comparte el propósito de mantener viva esta tradición. “La verdad es que controla nuestra vida. Transcurren once meses desde que plantamos la semilla hasta que conseguimos el pigmento, y además se trata de una especie que requiere de cuidado diario. Es bastante impráctico: podemos comprar el equivalente sintético de toda nuestra producción de un año por menos de cien dólares. Lo que es más, todo este esfuerzo es para producir un color, que es algo que prácticamente no existe: solo lo percibimos cuando la luz golpea cierta superficie. Creo que todo este proceso es buena metáfora sobre qué es lo que hace un artista”.

¿Qué es lo que hace un artista? Bien, en el caso de Rowland, quiso explorar más allá de los manteles y las cortinas con las que se ganaba la vida y aplicó a un maestría en artes en Arizona. Por lo pronto, el fruto está en estas instalaciones envolventes, que abarcan salones enteros, que recrean la vastedad del cielo y la profundidad del océano y también nos exponen ante la misteriosa y poderosa energía del color. “Nos hace sentir pequeños”, dice él. “Trabajar con índigo me recuerda, que el mundo es más grande que nosotros. Estas obras no son mías, les pertenece más a las plantas que a mí”.


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