mano a mano en BG: Luigi Stornaiolo & Gabriel Zamora

Esto es muy cercano a escribir un guion: abrimos la toma en un set, dos sillas antagónicas en su color: una blanca y una negra, además, sobre el suelo, una alfombra. Traemos a dos pintores y ofrecemos un café a cada uno, los ubicamos en sus respectivos asientos y colocamos mal el micrófono para autosabotearnos. Gabriel Zamora, gran representante de la pintura cuencana dirigirá la conversación, al frente, nada más que Luigi Stornaiolo.

  • Entrevista Gabriel Zamora
  • Registro fotográfico Sofía Vargas
  • Dirección de arte Sebastián Cadena
  • Levantamiento de texto Agustín Molina
  • Set Home Identity Cuenca

Si de amigos se trata, ellos ya han conversado sobre muchos temas. Esta vez Luigi llegaba a Cuenca a exponer su nueva serie de cuadros, el nombre de la exposición hace alegoría a su estado de ánimo y a su estado creativo: “Con la otra mano”, ese es el nombre que le dio el maestro a este nuevo trayecto en el vericueto mundo de la plástica ecuatoriana. Los dos llegarían al estudio y sin saberlo ya había comenzado a contarse la historia. 

 

Luigi: Me llamó Maldonado. ¿Vos si le ubicas al Francisco Maldonado, no?

Gabriel: Claro.

Luigi: Me llamó hace un rato cuando estaba intentando dormir en el hotel. Él iba a venir y no pudo. Hizo un evento hace un año en República Sur, yo estaba por acá.

Gabriel: Nosotros también estuvimos ahí, me acuerdo. Buena farra fue.

Bueno Luigi, yo no soy periodista ni entrevistador, pero la BG magazine nos ha invitado para tener una conversación más que un interrogatorio, así que aquí estamos.

Luigi: Muchas gracias, muchas gracias…

Gabriel: Te escogieron la silla negra, ¿por qué crees?

Luigi: Porque soy un tipo dañado (risas en el set)

Gabriel: Como no estamos en vivo podemos hablar sobre cualquier cosa, o eso dicen.

Luigi: Sobre todo nosotros los más jóvenes, tenemos el chance de expresarnos.

Gabriel: Si estamos jóvenes….

Luigi: ¡Puuuu jovencitos! Te cuento verás; ayer estaba en un evento de la fundación de Italianos. Interesantísima, me dieron hasta un premio.

Gabriel: ¿Premio? ¿Cómo se llama el premio?

Luigi: Leonardo Da Vinci, así se llamaba.

(risas de los dos)

Gabriel: Pero bien merecido el premio.

Luigi: Ni tanto, porque no he hecho ninguna obra importante en los últimos años.

Gabriel: Pero me imagino que es por tu trayectoria.

Luigi: Bueno si pues, yo pinté 35 años y no había sido pintor si quiera. Yo fui músico 10 años y en eso también se me fue el tiempo.

Gabriel: ¿Y lo que has hecho últimamente que es la muestra que se exhibe hoy?

Luigi: Esa fue con la mano izquierda, me tomó dos años. Quizá por ahí encontremos alguna esencia de mi anterior trabajo, pero ya no es lo mismo. Vamos a ver.

Gabriel: ¿Los últimos dos años todo con la izquierda?

Luigi: Desde el 2015 sí, pero con la izquierda medio más o menos está. Podía haber sido mejor si hacía con la derecha porque a mi edad es cuando mejor se pinta.

Gabriel: ¿Varía mucho una mano con la otra?

Luigi: El terror es que también puedo quedar invalido, eso explicaban los neurólogos. Fue la misma medicina la que me arruinó.

Gabriel: ¿Qué pasó?

Luigi: Por experimentar en un uñero. El doctor me saca la uña y dice: “ A ver, vamos a experimentar una anestesia”. En toda la pierna verás. Después agarra un trombo—esta cosa utilizaban en el medioevo, son una especie de tenazas con trompo— y me empezó a aplastar todos los moretones de la pierna, sentí que me rompió el tendón de Aquiles que justo termina en el dedo gordo. Entonces me dice: “Vamos a hacerte otra radiografía en un mes”. Yo no me hice ni loco, después de pocos meses siento una punzada en el tendón roto, así me seguía aguantando y me iba donde homeópatas, entonces fue ahí cuando me di cuenta que estaba equivocado. Tenía que haber hecho como los simbolistas y recuperar mi tendón. Esto fue en junio del año 89. Ya pasaron casi 30 años. He quedado desesperado y perdiendo el oído y la vista. Está de llorar el asunto.

Gabriel: ¿Y con todo esto cómo fue cambiando tu pintura?

Luigi: Con la derecha igual me caía. Con la zurda pinté seriamente dos años , desde el 2009 hasta el 2011. Ahí dije: “se acabó la fiesta”

Gabriel: Y desde tu problema en la pierna, ¿cómo fue variando la pintura, no físicamente, sino con su resultado?

Luigi: La misma vaina; a la final era con la cabeza con lo que pintaba.

Gabriel: ¿Y crees que se aprende algo de todo eso?

Luigi: Jodido es, pero algo se aprende. Una vez estuve aquí en 1998 viendo la final del mundial en la Alianza Francesa. Edgar Carrasco me prestó un departamento con una vista hermosa y pude quedarme 2 meses. Aquí perdí toda mi decencia, yo hasta el 96 era decente. Después si medimos el tiempo, en el 2012 los mayas dijeron que se acababa el mundo, ¿recuerdas?, desde ahí dejé de pintar.

Gabriel: ¿Qué diferencia encontramos desde tu primera exposición con esta de aquí? Hablar con la gente y presentarla…

Luigi: El mismo ímpetu, pero los noventas eran mejores. Nos fuimos a vivir en Australia y nació Angelita en el 91. Yo regresé a Ecuador desesperado, ya con la vaina. Cambió la mecánica, 35 años pinté, pero ya no hay como volver para atrás.

Gabriel: Algunas veces hemos hablado de las personas que se acercan a decirte que eres un genio y que además piden sacarse fotos contigo, ¿te sienta bien eso, te resulta cómodo? ¿Te gusta?

Luigi: Están confundidos. Ayer creían también que uno era importante, pero no hay como mandarse la pata. Puedo fingir, el mismo hecho de pintar puede ser una ficción. Yo fingía hacerme el pintor durante 35 años y ahorita que debería pintar mejor, no puedo.

Gabriel: ¿Qué crees que ha hecho la pintura en vos?

Luigi: Ya se liquidó la pintura, en el fondo ya hicieron tanto. Pintores buenazos existieron y existirán y aún así hay posibilidades, pero siempre es complicado emprender en la pintura. Ahorita hay jovencitos que son unas bestias, la edad marca bastante, siendo joven uno cuenta con agilidad y es más dinámico. Sin embargo, hay que tener cuidado por no desgastar la práctica. Ahora todos son artistas: tocan la guitarra mientras simultáneamente pueden pintar.

Gabriel: ¿Qué le dirías a un joven que está empezando a pintar?

Luigi: Que es hermoso, una experiencia única en la vida.

Gabriel: Pero que tiene sus dificultades…

Luigi: Solito se ha de dar cuenta el guambra.

Gabriel: Y más cuando quiere vivir de eso, la parte económica del arte.

Luigi: Está reñido el arte con el mercantilismo, siempre ha sido así. Ahorita da lo mismo cachuflín o machucán, tener abogado o amante (risas)

Gabriel: ¿De pelado que querías ser a parte de pintor?

Luigi: Payaso (risas). Igual eso mismo terminé siendo.

Gabriel: ¿Y en cuál te ha ido mejor?

Luigi: Payaso, de ley. Uno no es lo que quiere, sino lo que le dejan ser. Y la mujer ha cobrado tal ventaja que nos destrozan, en el siglo XXI, nos llevan mucha ventaja a los varones.

Gabriel: Y esto que dices que las mujeres destrozan a los varones, ¿cómo afecta?

Luigi: Desde los dos lados desaparece el amor, en el 2012 desaparece el arte. El amor—para los mayores como yo—desaparece. Todas las grandes verdades resultan ser puras falsedades. Ya ni en el fútbol se puede confiar, todo es falseta. Me parece que dentro de estos días iban a jugar Boca y River, el primer clásico que se disputa en una final de la libertadores.

Gabriel: ¿Y a quién le vas?

Luigi: En el fútbol como en la vida, no se puede apostar ni tomar partido. En el Génesis decía algo como: “No se puede advertir juicios de valor o de sabiduría al respecto del bien y del mal” y esto porque no vas a apostar al ganador para perder y al perdedor para ganar.

Gabriel: Pero habrás sido hincha de algún equipo en alguna época de tu vida, me imagino.

Luigi: Toda la vida fui hincha de El Nacional.

Gabriel: Del nacho…

Luigi: Y desde que le dijeron nacho se fue al carajo (risas)

 

 

Gabriel: Es como dijiste antes, así como el arte, el fútbol ha ido volviéndose un asunto de dinero. Vos alguna vez me contaste que hiciste algunos trueques con tus obras, ¿te resultaron bien?

Luigi: Bueno no, yo generalmente era el que perdía (risas). Alguna vez tuve un Camaro del 67. Después casas, pude construir dos. Pero yo pintaba más por el mero hecho de hacerlo, no me importaban mucho mis posesiones.

Gabriel: Regresemos a Cuenca. ¿Cuándo fue la última vez que trajiste una exposición acá?

Luigi: La última fue en el 2004. Ya son 14 años. Salió muy bien, me acuerdo que Eliecer Cárdenas hizo la presentación. Ahora que ando un poco enfermo es porque me he ausentado. A mi me gustaba mucho caminar y ahora es fundamentalmente una de las cosas que no se me da.

Gabriel: Caminar, correr, ¿jugabas fútbol verdad Luigi?

Luigi: Hacía de todo, hasta músico creí que podía ser.

Gabriel: ¿Qué tocabas?

Luigi: Guitarra, bajo, también cantaba y tocaba teclados en la televisión a los 18 años. Tocaba blues, rock. Después se me ocurrió ser pintor.

Gabriel: ¿La universidad?

Luigi: Estudié cuatro años de arquitectura.

Gabriel: ¿Pero no ejerciste o sí? ¿Cómo fue ese cambio de decisión?

Luigi: Nos arrepentimos cuando no podemos tomar una decisión, pero a veces sucede que si la tomamos nos arrepentimos más. No siempre hay chance de hacer las cosas, a veces cuando queremos llorar ya no hay ni lágrimas.

Gabriel: Algunos autores han calificado tu pintura como expresión de la decadencia del hombre, ¿vos estás de acuerdo con ese análisis?

Luigi: Si ha de ser. La especie humana que pinta es también incompetente para desenvolver humanidad, produce carros, construye edificios monstruosos y destruye la naturaleza. Somos devastadores.

Gabriel: Eres político Luigi, ¿te llama la atención la política?

Luigi: Hacerse comunista era la ilusión, pero yo me hice zurdo (risas). La especie decrépita, vive en la constante acción de ver quien gana, el humano ha perdido utilidad porque se ha olvidado del amor. Por eso sigo diciendo que la mujer nos lleva ventaja, son profundamente más serias.

Gabriel: ¿Y la musa existe?

Luigi: No, la propiedad es imposible. Pero el amor era una bandera, se trata de establecer familias. Yo tengo un nieto que mide 1 metro 90 y tiene 17 añitos.

Gabriel: ¿Y él pinta también?

Luigi: Los chamitos de ahora pueden hacer lo que quieran. Son más despiertos.

Gabriel: Yo pienso que todos los niños nacen con cualidades para ser un artista, pero el sistema educativo y la forma en la que está basada una sociedad hace que ellos pierdan esta sensibilidad, ¿tú que piensas al respecto?

Luigi: Siempre ha sido difícil, la especie y la forma de la sociedad ha fracasado, pero ellos se creen organizados. A nivel político puede funcionar, pero eso es miserable.

Gabriel: Pero hay tiempo para cambiar las cosas, ¿cómo le ves vos al futuro?

Luigi: Hubo un tiempo, en el que había el tiempo para perder el tiempo. Ahora ya no hay, me robaron el reloj y me pusieron esta manilla para el hotel. Jonatan Koupermann ha sido muy considerado conmigo y logró conseguirme un hotel con una vista preciosa. Cuenca siempre está muy linda cuando la visito.

Gabriel: Tienes que venir más seguido.

Luigi: Yo en el 98 quería venir a vivir acá. Pero no hay chance, se queda botado todo.

Gabriel: ¿Que dejas en Quito?

Luigi: Mi madre, mis dos hijas. No queda más sino la amargura de saberse. Hay esperanza, pero la esperanza es la forma humana del delirio.

Inmediatamente después de decir “delirio” Luigi adopta un acento costeño y en tono de broma le dice a Gabriel: “¿No te das cuenta que estoy desesperado?”

Ríen los dos y sigue la conversación, Gabriel pregunta si ya está hecho el montaje de la obra y Luigi dice que hace 15 días. La conversación continúa pero nada de lo que sigue se va en la transcripción:

Luigi: Ya empieza la Bienal ¿No?

Gabriel: Si, ya…