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El regreso a la inocencia.

Estas ilustraciones, tan aparentemente simples, desentierran reinos olvidados y nos devuelven la credulidad de la niñez. ¿De dónde provienen? Gran parte de la familia de Dinara es rusa, pero ella nació y creció en Taskent, capital de Uzbekistán. Nosotros también tuvimos que googlearlo. Lo que aprendimos es que no es otra gran estepa rocosa inhabitable, sino que fue la cuarta ciudad de la Unión Soviética y que oferta las mejores ingenierías de la zona. Una de ellas, justamente, es por la que optó Dinara. Pero luego se mudó a Ohio y la vida la sorprendió con una nostalgia irresistible por las alfombras de sus abuelas y las curiosas escenas pintadas que colgaban en la cocina. Ahora vive de ilustrar libros de pasta dura y reinterpretar clásicos de todas las naciones. Esto es lo que nos contó.

¿Cuándo empezó tu interés en el arte y el diseño? ¿Recuerdas tus primeros momentos relacionados con el arte?

Siempre he sido una de esas niñas que amó los lápices de colores. No sabía que el arte podía ser una profesión, y mientras crecía creía que era simplemente un pasatiempo. Creía que mis talentos eran bastante promedios y nunca lo tomé en serio. Justo después de la escuela decidí inscribirme en ingeniería informática porque creí que sería más fácil encontrar un trabajo en ese campo. Muy poco después de graduarme, nos mudamos con mi familia a Estados Unidos, y me contrataron a medio tiempo en una empresa de tarjetas de felicitaciones, American Greetings. Tan pronto como entré por esas puertas me di cuenta que no quería salir. Pero para entonces ya tenía más de 25.

¿Y los cuentos folclóricos? ¿De dónde partió ese interés?

De niña leí muchos relatos folclóricos de Rusia y de Uzbekistán, así como de los hermanos Grimm y de Hans Christian Andersen. Estaba absolutamente cautivada por la mitología griega. Cuando era una adolescente, fueron Agatha Christie y Conan Doyle. Pero paró. Fue solo mucho después, cuando tuve mi hija y me convertí en madre, que sentí la nostalgia por las historias con las que crecí. Entonces empecé a leérselas. Por supuesto, el mundo ha cambiado mucho desde que yo era una niña, y hay ocasiones en las que simplemente no puedo leerlas en su versión original. ¡Hay tantos asesinatos! Así que el arte es esta forma en la que puedes compartir tus emociones, tu nostalgia, sin necesidad de traducirlo en palabras.

¿Qué elementos folclóricos has encontrado en el Ohio de hoy en día? ¿Cómo han sobrevivido?

Hay folclor en todas partes. Está en las canciones, en los textiles y en las maneras en las que nos contamos historias. Empecé a ver el arte folclórico estadounidense y me sorprendieron todas las similitudes con el folclor que me rodeaba cuando era niña. Hay librerías llenas de libros de tejidos, y el tejido es muy popular en Norteamérica, sobre todo en áreas rurales como Ohio. Quizás los colores son más tenues un poco más opaco. Pero creo que en todo el mundo intervienen muchas flores y animales.

¿Cuál es tu opinión sobre la “identidad cultural” hoy en día, como ilustradora y como alguien que ha vivido en sitios distintos? Quiero decir, tomando en cuetna al internet, a la globalización, nuestro ritmo de vida frenético. ¿Qué está sucediendo en el mundo de la ilustración?

El internet es nocivo y beneficioso a la vez. Por ejemplo: hoy en día la tecnología te permite que tu trabajo se exponga inmediatamente y sin ningún costo. Lo publicas en tu blog, en tu sitio web, Facebook, Pinterest o Instagram y ya incrementas las posibilidades de que la gente lo vea y te contrate. Pero al mismo tiempo, es muy fácil distraerse por el estilo de alguien más. Mirar demasiado el trabajo de otras personas puede sabotear tu propio flujo. Yo trato de evitarlo; no porque no lo disfrute, sino porque todo se homogeniza y el trabajo de todos empieza a lucir igual. Prefiero tomarme descansos, y cuando siento que tengo una chispa en mi cabeza, la capturo tomando el lápiz y boceteándola tan pronto como pueda antes de que desaparezca.

 

De forma automática:

Un color: el amarillo

Un maestro: joseph frank

Una canción: ptsasheschka, por pelageya

Una prenda: mis pantalones de yoga

Un miedo: perder mi brazo derecho

Un pasión: el dibujo

Una pregunta: ¿cómo es el folklore en ecuador?

 

 

POR: Juan Francisco Vinueza


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