Metaficción y cine

por: leo espinoza

La manera de contar algo es en sí mismo una historia. Evidenciar el dispositivo narrativo no es nada nuevo; desde Las Mil y Una Noches tenemos cuentos dentro de cuentos que nosotros, como espectadores, estamos leyendo. Con el cine surgen aún más posibilidades: voces en off, montajes paralelos, tiempos no lineales, etc. Es por esto que en el audiovisual hay muchos casos de metaficción: exploran el mecanismo mismo de la narración, a veces, como protagonista de la película. Estos son algunos ejemplos en los que la escritura y la palabra constituyen el centro dramático.


STRANGER THAN FICTION

Marc Foster (2006)

Will Ferrell, Dustin Hoffman, el director de Guerra Mundial Z. La película explica la metaficción y juega con los dispositivos narrativos, pero a la vez es Hollywood. Es como Inception, pero para gente que le gustan los libros. Cuando la vi, Will Ferrell era Mustafa y Mugatu, y de la nada, wtf, lo veo en un papel serio, como lo estaba intentando Jim Carrey. Esta vez, interpreta al personaje de una escritora con problemas estándar de escritora. En realidad, la película abusa de la confusión automática de no comprender cuál es el cuento y cuál la realidad. Pero la volví a ver, y me siguió gustando. Su mejor faceta, extrañamente, es la parte cursi: la idea romántica de que una creación ficticia tiene sentimientos, pese a ser solo una marioneta del autor: la guitarra que se compra, la transformación de un burócrata odioso al héroe de la historia, la canción punk que le dedica a la chica de la que se enamora, las galletas, la confusión que siente al no saber si hay alguien guiando su vida. La metaficción es un detalle que causa conmoción, pero lo que cuenta es el corazón del personaje.



BORED TO DEATH

(2009-2011)

Se me pidió escribir sobre películas, pero ahora solo aguanto capítulos de media hora. Y Bored to Death es oro. La base de las novelas policiacas no es el crimen mismo, sino sus protagonistas: escritores, detectives, gente de calle, gente cool. Y se ve atrapada en un mundo en el que no sabe qué es qué, quién es quién, quién controla la estafa, quien está ganando la partida. Bored to Death es todo esto. Los personajes son ab solutos perdedores. All-Stars. Lo máximo. Ted Danson es George Christopher, un editor marihuanero de una prestigiosa revista, necesitado de aventura y amistad. Zach Galifianakis es Ray, un dibujante de comics mantenido por su novia. Y Jason Schwartzman es Jonathan Ames, un autor frustrado que quiere ser detective debido a Raymond Chandler. Y esa es la serie. Cada episodio trae su cuota de femme fatales, maletines y persecuciones, y, a su vez, utiliza a la palabra como excusa para poner acontecimientos en movimiento; de esa forma, reflexiona sobre los dispositivos dramáticos. Pero es todo muy sutil, y muy divertido; nunca snob, siempre fresca. Calidad HBO.



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