adeline de monseignat

tensión sensorial



adeline toma abrigos viejos y los encierra en esferas de cristal, misteriosamente, el animal vuelve a surgir desde el artificio.

  • profesión escultora
  • nacionalidad monegasca
  • adelinedemonseignat.com
  • @adelinedemonseignat

La criatura nos llama desde el fondo de la coraza. Es como si estuviera viva, pero se queda inanimada. Es como si aún contuviera un pedacito de alma. Es como si ya la hubiéramos visto antes: la criatura conecta con una parte de nosotros que a la razón aún le parece inhabitada. ¿Será nuestra esencia mamífera? ¿El primer contacto materno? ¿Nuestra memoria embrionaria? La criatura nos intimida, pero en su silencio también cala en nuestra intimidad. Nos atrae y nos repele y a todo esto no necesita ni moverse. Solo nos queda mirarla.

“A veces la belleza está en lo que queda sin respuesta”, nos dice la madre, Adeline de Monseignat, que esculpió cada cría en su estudio en Inglaterra. Cada criatura tiene un nombre (no siempre nos dice cuál es), un cuerpo, una historia, un pedazo de ella misma. En un principio iban solas, pero poco a poco pasaron a conformar parte de instalaciones más complejas, con distintos portes y para tratar distintos temas. Adeline nos dice que a través de su trabajo busca explorar las teorías del Uncanny sobre las que escribió Freud: la intersección entre lo familiar y lo extraño, lo real y lo ficticio, lo evidente y lo desconocido. A cada paso nos sentimos más con las criaturas y a cada paso nos vamos desvaneciendo. Es como si paseáramos por el limbo.


El uso de pieles es clave en la obra de Adeline: es el más vivo de los objetos inanimados, el que más nos recuerda de su procedencia orgánica.
“Pero es un material cargado de historia y dolor”, nos dice ella. “Es un material táctil, seductor, fascinante, pero que trae consigo una historia trágica. Yo tuve que hacerme vegetariana”. En un principio las exhibía solas, por sí mismas, pero luego las utilizó en nuevos contextos. Para Loreta, instaló un motor dentro de la cápsula y le dio a la criatura madre una nueva dimensión de kinestesia. Para Home, en cambio, puso a las esculturas en medio de un simulacro de su habitación de niñez: una invitación a lo más profundo de su memoria y al mismo tiempo una incubadora. “El arte se trata de traer a la vida algo que no existía. No solo me siento maternal durante el proceso:cuando termino, recibo de vuelta la energía de ‘la otra’, como si hubiese dado a luz no solo a nivel físico, sino metafísico. Es como si estuviesen conmigo”.


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