Emily Balivet

a flor de lienzo



Sus cuadros son un respiro de belleza, un retorno nostálgico a las musas en un mundo de prisas; al óleo, los soportes clásicos, los temas que históricamente nos apasionan desde una sensibilidad actual.


La artista, nacida en Alaska, inmortaliza mujeres como diosas sin la dosis de polémica y deshumanización a la que nos tiene acostumbrados el arte, retomando la contemplación de lo femenino. El detalle de los ornamentos y el uso de los colores tienen una base en lo medieval, folclórico, los prerrafaelistas y el Art Nouveau, con una dosis picante de la psicodelia de los años sesenta.

Emily desde muy joven supo que quería ganarse la vida como artista. A los diecisiete años vendía sus primeras muestras artísticas en festivales de Alaska y desde ahí no ha parado con exposiciones y proyectos.


Nos inspira, nos saca del presente, aquí, ahora, para trasladarnos siglos atrás y poder acompañarla en una búsqueda incesante por volver a los sentimientos, sin temor a retroceder para evadir la rutina. ¿Representa a las mujeres quienes desvestidas de sus ciudades se liberan? Un maravilloso sueño que se repite una y otra vez, muestra a las protagonistas de las pinturas del Balivet llenas de frenesí, sensualidad y encanto.

Y aunque su manufactura y temática parecen despreciar la tecnología y su indiscutible trono en el mundo actual, valora tanto la llegada del internet y los avances como si se tratase de un espacio mágico en donde todo es posible. Reconoce la importancia de las formas de comunicación actual, las mismas que usa como herramienta para conectarse con el mundo, los amantes y coleccionistas de arte, galerías, empresas y sus seguidores que tanto aprecia.

Disfruta como nadie convertirse en un solo: ella y su inspiración, el delicado sonido de las pinceladas, el olor de la pintura y su textura sobre el lienzo que espera transformarse. sabe, y eso siempre debemos salvaguardar, lo que significa terminar sin aliento para poder existir.


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