Homa Delvaray

adentro y afuera



A TRAVÉS DE SUS CARTELES, LA ARTISTA IRANÍ ENMASCARA LA TRADICIÓN VISUAL PERSA CON APARIENCIAS MODERNAS. “NO ME INTERESA COMPLACER AL OBSERVADOR; QUIERO PROVOCARLO, CONFRONTARLO, JUGAR CON SU GUSTO Y PERCEPCIÓN”.


Cada afiche de Homa Delvaray es una invitación y es también un laberinto; basta contemplarlos por un rato para ceder al extravío. Para cuando el transeúnte esté consultando los pormenores del evento, los callejones geométricos ya lo habrán llevado consigo. Él no sabrá explicárselo: caminaba por la ruta de siempre y ahora está en otro sitio.

En el vestíbulo de una mezquita bicolor, por poner un ejemplo. Se da la vuelta sobre sus baldosas, estudia los adornos de sus arcos, palpa las estructuras alfabéticas en medio de la habitación. O, si no, está dentro de un laboratorio comprometido: la tinta desparramada ha transmutado a toxina, y esta vez las estatuas de letras, apenas encapsuladas, cambian de color. O puede hallarse en un santuario turquesa, o aferrándose a vigas a punto de desplomarse, o que la confusión sea monocromática y que la evidente salida se revele, solo luego, como una nueva bifurcación.


Sin embargo, estos portales no son más que afiches: un nuevo parpadeo y el curioso regresará a su deambulación habitual. ¿Qué tipo de hechizo es el que lo ha enzarzado? No nos pregunten a nosotros: no comprendemos los enunciados y mucho menos podemos desmenuzar sus misterios. Lo que sabemos que es que Homa es iraní, y que sus enigmáticos carteles llevan, aparte de quién sabe qué sortilegios, los siglos y siglos de sabiduría caligráfica persa y las intricandísimas tramas de sus tejidos. “A través de mi trabajo”, dice, “quiero confrontar las polaridades entre Este y Oeste; tradición y modernidad; vocabularios nacionales e internacionales”.

Desde los 70s, una corriente de artistas iraníes han construido estos puentes entre sus propios códigos visuales y estéticas occidentales; adentrándose en el torrente de la globalización firmes a su identidad cultural. Los afiches de Homa podrán llevar innumerables influencias, pero son, ante todo, persas: el presente de esa enorme tradición de pintura en miniaturas, litografía en metal y alfombras majestuosas.

Mientras tanto, nosotros optamos por volver a sumergirnos. Una vez ingresemos, volveremos a oscilar, mediante patrones y siluetas, entre superficie y profundidad -entraremos y saldremos para volver a entrar.


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