Michael Benson

vuelta por el universo



Michael Benson toma las fotos interplanetarias de sondas y telescopios y las interviene con propósitos artísticos. Los resultados son asombrosos.


A lo que nos llevó Galileo. Solíamos imaginarnos que la noche era una frazada con la que alguna deidad guarecía nuestro descanso. Pero una vez que la atravesamos, vimos que ese manto en realidad contenía a toda la materia, que estábamos suspendidos en la noche infinita y que, para la sorpresa de todas las religiones y cosmogonías, no estábamos solos en esta contienda. Aún hoy es difícil sacudir nuestros hábitos geocentristas: mirar hacia arriba y considerar que el cielo majestuoso no es más que un halo minúsculo entre el cosmos y nosotros.

Confirmamos que hay un “allá afuera” hace 400 años, pero recién lo visitamos hace 60. Desde entonces hemos enviado a nuestros pequeños robots para que nos cuenten con qué nos vamos a encontrar. Recogen muestras geológicas, miden longitudes y temperaturas, toman muchas fotografías. Vamos deduciendo nuestros alrededores pedacito por pedacito, recién embarcándonos en ese proyecto larguísimo de esparcirnos por el universo. ¿Pero por qué habríamos de perseguir semejante fin? ¿No tenemos suficiente con nuestro maravilloso planeta? ¿No nos ha resultado abrumador?


Porque es hermoso, para empezar. Pregúntaselo a Michael Benson, que hace casi dos décadas se mudó a Ljulbjana, Serbia, y que cada pocas noches accede a la base fotográfica de la NASA para visualizar las últimas fotografías capturadas por diversas sondas y telescopios. “Busco descubrimientos estéticos”, nos dice. Se desplaza entre miles y miles de imágenes hasta encontrar la que le llame la atención. Luego empieza un largo proceso de revelado: tomemos en cuenta que cada foto original aparece en blanco y negro, le falta por lo menos un canal de color y suele necesitar un nuevo enmarque y enfoque. Las imágenes que vemos en esta galería son el producto de semanas de trabajo, y que han conseguido su color gracias a la superposición de muchas fotos individuales. “Son lo más parecidas a como lo vería un ojo humano”. Su última exposición fue en el National History Museum (Londres), y para ella contó con composiciones originales de Brian Eno. Su trabajo nos muestra la perfección geométrica de nuestro sistema solar como si fuese una gran obra de arte. Y a su vez, son incentivos a nuestra curiosidad: invitaciones del universo a que nos adentremos en sus aposentos interminables.


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