Missy Dunaway

instantáneas en tinta



La artista solía redactar su bitácora como cualquier mortal hasta que un proyecto universitario la invitó a registrar sus intimaciones mediante el pincel. Varios años después, este es el resultado.


“Toma muchas palabras explicar cómo se siente un lugar, pero una pintura puede describirlo con un solo color.” Así Missy Dunaway nos cuenta cómo mediante este medio artístico, sus diarios de viaje pudieron cobrar vida. Personas, lugares, sensaciones y un sinfín de momentos llenan sus páginas de una manera mágica. Te advertimos que si miras estas pinturas detenidamente, podrás sufrir de unas ganas locas de renunciar a tu trabajo para irte a explorar el mundo.

Para Missy su proceso creativo comienza con una foto y un poema de una línea: esto le ayuda a escoger el momento que quiere plasmar en cada pintura, que luego formará parte de un diario que contiene estos recuerdos. A veces el resultado no representa algo en concreto sino un sentimiento o un pensamiento privado. Al mirar su trabajo podemos experimentar esa intimidad que nos comparte la artista; un pequeño vistazo a lo que ella ve y siente al vivir esas experiencias.

Su amor por la pintura nace desde que ella tiene memoria. Una fanática acérrima de Van Gogh en su adolescencia y una nerd del arte durante toda su vida, estudió las técnicas de pintura de John Singer Sargent, Charles Hawthorne y Henry Hensche, quienes le inculcaron su fascinación por el color y sus matices en la luz.


Esa pasión por el impresionismo se traduce en su estilo. Miss maneja la luz y el color de una forma muy detallada; es muy fácil que podamos adivinar la hora y temperatura del día que quiso representar en sus imágenes y eso nos regala un pedazo de ese lugar, como si fuera uno de nuestros propios recuerdos. Ella confiesa que eso se le hace mucho más fácil que la perspectiva, y que para conseguirla muchas veces necesita ayuda de fotografías para lograr perfeccionar detalles.

Estos diarios se transforman en un documento de una vida ajena y al mismo tiempo tan nuestra, donde colores saltan a nuestros ojos y descubrimos la mente de Missy, sus miedos, ilusiones, lugares favoritos y nos sentimos cómplices de este mundo cambiante. Ella sabe que cada vez que abre sus diarios, como nos contó -una o dos veces por año- sentirá que es una persona diferente, que mira por una ventana a la anterior mientras nada se detiene. Añade: “Hay un progresión de la melancolía interna a la curiosidad y la alegría. Mientras envejezco, también lo hacen estos diarios; las páginas se degradan y los colores poco a poco se van desvaneciendo”.


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