Sister Corita

atrevida devoción



LA HERMANA CORITA KENT (1918-1986) FUE UNA DE LAS ARTISTAS POP MÁS IMPORTANTES DE NORTEAMÉRICA. A TRAVÉS DE SUS AUDACES COMPOSICIONES, MEZCLÓ FERVOR CATÓLICO, TÉCNICA VANGUARDISTA E ÍMPETU REVOLUCIONARIO.

  • profesión monja/pintora
  • nacionalidad estadounidense
  • corita.org
  • fotografías josh white y arthur evans; cortesía corita art center, los ángeles

Ingrese en el taller de la facultad de arte de las Hermanas del Corazón Inmaculado, Baja California, un agosto en los sesentas, y tópese con treinta monjas pintoras absortas en el alboroto de la creación. ¿Quién es la culpable de semejantes estrépitos? Sonriente en un rincón, Corita Kent despacha a la novicia tras haberle encomendado una última observación. Todavía no cumple los cuarenta y ya porta las arrugas de una vida sin descanso. Desde hace varios años que dirige la institución, y pese a que el período de clases ya ha culminado, ha congregado a sus alumnas un nuevo verano para materializar los últimos frutos de su imaginación.

Pero no malinterpretemos la encomienda: las piezas no van a ninguna galería, sino a una protesta callejera. Desde las restricciones de la vida religiosa, Corita está liderando su propia revolución, y sus serigrafías no quieren deslumbrar a los críticos tanto como resistir a las mareas de violencia -de género, interracial, internacional- que están sacudiendo a su país. Así, ha tomado la palabra del Señor y la ha impregnado de color: su exquisita caligrafía acompaña a fotografías distorsionadas, fondos geométricos vibrantes y composiciones tipográficas desde todos los ángulos. “La hermana Corita”, diría un crítico, “hizo para el pan y el vino lo que Warhol hizo para la sopa de tomate”.


Sus mensajes no eran solamente bíblicos. Junto a los versículos añadía versos de Cummings o Camus, anuncios de tiendas de abarrotes o reflexiones de su propia autoría. Una en particular, “La Virgen María es el tomate más jugoso de todos”, le metió en problemas con el cardena estatal, y muy poco después ya estaba mudándose a Boston para dedicarse de lleno a su arte. Y es que, alentada por las reformas de Juan XXIII, Corita no podía concebir un catolicismo tan estático y reservado cuando el mundo tanto necesitaba de su mensaje. “Pero ella no trataba de provocar a nadie”, diría una de sus alumnas. “Trataba de ayudarnos a ver cosas que contaban razones y verdades importantes, y que podían conmovernos hacia alturas más hermosas y más poderosas”.

Leámosla con atención.


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