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  • por pablo ramos
  • concepto y logotipo diego lara
  • producción diego lara


Pensemos por un minuto en un mundo sin marcas (60 segundos).
Evidentemente estaríamos en una especie de desorden social y caos en la calles al puro estilo Saramago. En el aquí y ahora, las marcas se han vuelto un regulador de la sociedad, un referente y un medidor de grupos de humanos, que por naturaleza estamos en búsqueda constante de la diferenciación y la unión entre unos y otros.

Este motor malévolo pero fascinante ha convivido desde hace ya varias décadas con ese otro leviatán, al que todos temen pero que todos necesitan: la moda. Así lo neguemos, a todos nos importa este tema. Seguro conocemos a alguien que nos dice no preocuparse por el estilo ni la marca y que no invierte su tiempo en decidir si ponerse el pantalón tal con los zapatos tal y con camisa tal o comer ahí y no allá. Eso es una mentira. Vamos a comprobar lo antes dicho. ¿Una persona comprometida 100% con la justicia social usaría Nike? ¿Una persona vegana usaría unos Dr. Martens? ¿Un papá estereotipo promedio usaría una gorra LaMatadelFríoAsesino? ¿Un real swag usaría un camiseta Polo?

Parece que ya estamos tarde para pensar en un mundo sin marcas. La experiencia que nos brindan es parte de lo cotidiano y de la historia que vamos construyendo. Y por un lado, puede generar tristeza que la marca sea la cara de una empresa millonaria y que muchos de nosotros tengamos deudas millonarias por vestir “bien”, por tener “mejores” selfies, por tener un “Jeep” así sea “Chevrolet”, por tener. Pero por otro lado, ante todo momento apocalíptico del capital, siempre hay una luz liberadora y siempre hay un reto inconsciente mayor de obtener satisfacción y felicidad máxima: encontrarte a las 5am con un grupo de individuos dispuestos a dar sus mejores 5k; desempolvar la sudadera del tío bacán que tiene una hojita sospechosa como logotipo y de un color gris difícil de encontrar en la actualidad; debatir entre lo original y lo verdadero; que tus doodles estén en los zapatos de jóvenes que les importa un carajo los fraudes económicos y las salvaguardas; tomar agua de frescos en un envase de cristal retornable -en serio retornable- con una etiqueta recortada a mano y que su logotipo sea un lettering exclusivo para ti; etcétera, etcétera… Eso es vida. Trascendamos en esta época de oportunidades emocionales y grupos sociales diversos con gustos pasajeros pero apasionantes: seguro al otro lado del mundo hay alguien viviendo mis mismas fantasías materiales, oyendo mis bandas favoritas y no le conozco y no me importa, pero me identifico.

La marca genera experiencia y formas de vida, y el camino correcto para que cumpla su objetivo es el conocimiento del consumidor, de nosotros, los comunes, los que ahora estamos al frente de la comunicación y de la gran empresa, que tenemos el poder de decisión por primera vez en la historia del consumo. Y si hablamos de este rollo complejo e imparable de la creación de marca, siempre están a flote algunos términos: imagen corporativa, identidad corporativa, branding, packaging, logotipo, etc… Estos son los conceptos y caminos que desembocan en la identificación, diferenciación y preferencia de la marca en el mercado. Este es el reto constante de los creadores de signos de identidad: el manejar las herramientas, ya sean lingüísticas o gráficas, de la mejor manera, para hacer visibles los valores y atributos que representa una empresa o institución. La única manera de salir airoso en este duelo es tener un objetivo, tener las armas apropiadas y sobre todo saber manejarlas.

Y así empieza la batalla exquisita entre la palabra y la forma, entre el brillo y el mate, entre la línea y el punto, entre serif y script, entre lo rígido y lo orgánico, entre el creativo convencido y el explotador desalmado. Todo este proceso debe enfocarse en algunos preceptos esenciales: simplicidad, originalidad y metáfora; que son intrínsecos en la correcta creación o selección de tipografía, en el poder de abstracción y solución formal y técnica de íconos, en establecer una paleta de colores corporativos, escoger tintas y papeles especiales o la creación de un complejo manual y sistema de branding.
Seguro esta batalla no tiene fin y dejará los muertos necesarios para que vengan nuevos soldados, nuevas armas y nuevos territorios creativos por explorar. Que nadie se prive de vestir, comer y bailar.
¡SALUD!

p.d: sí hay Dr. Martens vegan.


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