Prince, talento congénito

  • por: micaela cartwright
  • ilustración: alessandro strickner


Auténtico y adicto a lo que hace. Así se podría definir a Prince Rogers Nelson: ese cantante estadounidense que nació el 7 de julio de 1958 en Mineápolis y que se convirtió en la estrella de los ochentas. Era obvio, estaba escrito en su destino. Su padre era pianista y tocaba en Prince Rogers Trio-la banda de jazz en la que se inspiró para elegir el nombre con el que bautizó a su hijo. Él recién llegaba al mundo y parecía que ya todo estaba dicho.

Prince nunca fue uno más del montón. Sufrió en la escuela porque sus amigos lo molestaban por su reducida estatura. Se vestía distinto, tenía un estilo pomposo y exuberante. Desde pequeño sintió la necesidad de expresarse, de construir una imagen a través de la que fuera fácil reconocerlo. Una imagen propia, suya, exótica… Nada que pudiera pasar inadvertido. A los 13 años formó su primera banda y compuso sus propias versiones de Sly & The Family Stone y de los Jackson 5. Fue así como de impulso en convicción se abrió un espacio y llegó a The Warner Brothers.

Pero eso fue solo el principio. Los escándalos vendrían después: los múltiples seudónimos, las aventuras amorosas, las declaraciones religiosas… Prince Rogers Nelson, también conocido como El Artista, es una leyenda viviente. Pocos como él pueden decir que a sus 55 años son un ícono. Sabe tocar más de veintisiete instrumentos a la perfección; reescribió las reglas de la música al sintetizar el funk negro y el rock de los blancos, nunca ha sido un artista racial exclusivista: le gusta The Parliament, Funkadelic, James Brown y Miles Davis, pero también los Beatles, Led Zeppelin y Joni Mitchel. Creó y desarrolló el llamado sonido de Mineápolis a través del teclado, su voz aguda y el contenido sexual de sus líricas que topan temas como la masturbación, el incesto y el sadomasoquismo.

Su música impacta, pero sus bailes también. Las presentaciones en vivo, tan cargadas de erotismo, fueron parte complementaria e importantísima de su obra. Ya no las practica. En 2001 se declaró Testigo de Jehová. Por respeto a los dogmas de su religión ha decidido parar con los himnos sexuales que en gran parte le consiguieron la fama de la que goza. Por la misma razón no se interviene la cadera en donde necesita una prótesis debido a la violencia de sus movimientos: la congregación cristiana prohíbe las transfusiones de sangre que son necesarias para la operación y Prince no está dispuesto a irse en contra de ella.

Él es extremo. Toma decisiones radicales. Es obsesivo, compulsivo, drástico. Puede pasar días componiendo canciones hasta que siente que están perfectas. Pierde horas de sueño sin problema. En tres años produjo diez discos completos: más de lo que muchos artistas logran producir en toda una vida. Y durante la edición de la película Purple Rain, para la que hizo la banda sonora que lleva el mismo nombre, el director le sugirió que sería bueno que produjera algunas canciones extra; al día siguiente el cantante llegó con los temas grabados, arreglados y producidos en la noche anterior. No para un segundo. Apenas el disco llegó a las tiendas se vendió con un éxito astronómico y los sencillos que se extrajeron del álbum como “When Doves Cry”, “Let’s Go Crazy” y “I Would Die 4 U” le valieron dos Grammys y el Óscar a la banda sonora. Él es incansable, casi parece anormal. Probablemente ésta haya sido la característica que años atrás, en 1977, lo convirtió en el productor más joven en la historia de la Warner Bros y que hoy lo ha llevado a que cuente con más de una veintena de discos.

Cuando sus padres se divorciaron, su padre dejó el piano en la casa y con este instrumento Prince comenzó a copiar los temas musicales de las series que veía en la televisión. En su adolescencia, impulsado por la rebeldía y la necesidad de asumir nuevos retos fuera de su zona de confort, se escapó de la casa y se mudó a donde un amigo. Ahí invirtió casi la totalidad de su tiempo aprendiendo a tocar el bajo, la guitarra y la batería de manera autodidacta. A los 18 años ya había producido sus propios demos, a los 19 ya ganaba millones de dólares y a los 20, con su disco “For You” ganó una cantidad de dinero que superó cualquier tipo de expectativa económica. Era su primer disco y tenía 23 instrumentos interpretados todos por él.

El Artista se ha codeado con estrellas como Madonna con la que grabó “Love Song” para su álbum ‘Like a Prayer’ y con la que tuvo una relación intensa que recién se arregló en 2011 después de que en plenos años 80 terminaran totalmente peleados. Porque además de ser un gran cantante, Prince es un as de la seducción. Ha tenido amoríos con Kim Basinger, Carmen Electra, Vanity, Susanna Hoffs, Anna Fantastic, Sherilyn Fenn y Susan Moonsie; y se ha casado dos veces. Con su primera mujer, la puertorriqueña Mayte García, estuvo cinco años: de 1996 a 2001 y a la segunda, Manuela Testolini, la conoció en un grupo de estudios bíblicos en el mismo año en que se divorció. También duró cinco años con ella.

No se sabe mucho más de su vida porque desde hace algún tiempo le declaró la guerra al Internet. Casi no concede entrevistas y se rehúsa a publicar notas en la web. Dice que se considera una persona de la era analógica. Paga millones de dólares a la compañía inglesa Web Sheriff para que obligue a servicios de video como Youtube a retirar cualquier obra que le pertenezca. Es quizá el único músico de primera fila sin página digital oficial.


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