Vivienne Westwood

  • por: fernando escobar-páez
  • ilustración viscera vicarious


¡ESTO ES SOBRE MALCOLM, NO SOBRE TI!
AHORA ERES PARTE DEL SISTEMA
Bernard Rhodes a Vivienne Westwood

Uno de los mitos fundacionales de la estética punk es que surgió en Londres cuando un avispado McLaren consiguió que los Sex Pistols usen las bizarras prendas que diseñaba su pareja, Vivienne Westwood, quien en dicha ocasión plagió el uso de alfileres con gancho del neoyorquino Richard Hell. El mérito de Westwood radica en su oportunismo y en su idea de combinar extravagantes accesorios victorianos –más propios de un club bondage que de la realeza– con lo previamen te desarrollado por artistas marginales de la escena londinense.

Cabe resaltar que el punk no es una creación británica, sino peruana, con el mítico grupo de adolescentes “Los Saicos” como precursores. Resultaría difícil de probar que McLaren y su pandilla conocían de ante mano a la banda sudamericana, quienes a diferencia de los Pistols, jamás prestaron mucha importancia a la mercadotecnia, así que –de forma benévola- podríamos atribuir la coincidencia de sonidos y actitud a una construcción arquetípica necesaria en aquella época.

Lamentablemente, debido a la cartografía natal de Los Saicos, por mediocridad intelectual de The Ramones fervientes partidarios republicanos y del american way of live, eclecticismo y experimentación de The Clash, y ante la muerte shakesperiana de Sid Vicius y Nancy Spungen, no queda otra que declarar a la pareja de publicistas McLaren–Westwood, como la “realeza del punk”, dos seres contradictorios cuyo mayor logro consistió en leer adecuadamente la coyuntura. El que alguna vez fue catalogado por John Lyndon como “el hombre más malvado sobre la tierra”, falleció hace al gunos años, pero “el macho alfa” de la pareja siempre fue la Westwood, mucho más carismática y manipuladora que el nervioso McLaren.

Pese a todas sus miserias, no se le puede negar cierto genio creador y afán de superación a Vivienne, cuya vida apuntaba a ser la de una oscura ama de casa, hasta que conoció a McLaren, por entonces un acomplejado estudiante de bellas artes al cual arrebató su virginidad, quedando embarazada ipso facto. La leyenda cuenta que la abuela de McLaren al enterarse del hecho, le dio dinero a Vivienne –quien era casada y ya tenía un hijo– para que abortara, pero esta prefirió comprarse ropa y tener al niño, quien posteriormente se convertiría en el prestigioso diseñador Joe Corre.

En 1971 la pareja abre en el 430 de Kings Road del bohemio barrio de Chelsea, la icónica tienda “Let it rock”, que luego pasaría a llamarse “Too Fast to Live, too Young to Die”, y con el fin del punk, cambiar de perfil y convertirse en la famosa “SEX”, que con sus acceso rios sadomasquistas atrajo la atención de la clase alta británica. Esta osada iniciativa –y no el punk– fue lo que le permitió a Westwood internacionalizar sus productos y convertirse en un referente de la alta costura.

Siempre provocadora, pero pocas veces coherente con su discurso, ha militado por las más variopintas causas. Si en los 70’s diseñó la imagen de la paródica “God Save the Queen”, hoy afirma que los repugnantes sombreritos rosa de Isabel II son cool y recientemente fue declarada Lady por la corona británica, aunque para no quedar mal con sus incondicionales, afirmó luego que asistió al castillo de Windsor sin bragas, como si ese irrisorio gesto de exhibicionismo senil bastara para anular el servilismo expresado durante la ceremonia. Dona millones de libras esterlinas a ONG’s ecologistas, pero las fábricas de su marca se hallan en Bangladesh, donde puede incumplir con leyes ambientales y laborales. Fabrica en serie camisetas con la imagen del hacker Julian Assange, pero afirma que votará por los conservadores, pues apoya sus teorías de endurecer las leyes de inmigración. Esta postura dista de ser punk, pero desde hace un par de décadas que el punk se convirtió en otro producto light de niñatos que con una cresta perfecta cantan sobre sus decepciones amorosas en el mall, la carga política se fue desplazando hacia otros géneros como el hard core y el rap.

La “Dama del punk” no es la mejor representante de dicha ideología, pero es la que las pasarelas nos depararon. Tras sus inocentes transgresiones se esconde una visión egocéntrica, que incluso le motivó a querer robar la atención del público durante el funeral de McLaren, algo que terminó por confirmar el secreto a voces: para los punks de la vieja guardia, Vivienne no fue más que una costurera con mucho olfato, tal como lo expresó el ex manager de The Clash, Bernard Rhodes, quien al escuchar como Westwood empezaba con su alharaca pseudo ecologista en medio de la ceremonia fúnebre, se levantó y la mandó a callar.


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