HELENE SCHMITZ

transmutaciones

LA FOTÓGRAFA SUECA DEVELA LOS SECRETOS DEL REINO VEGETAL Y AL MISMO TIEMPO CALA EN NUESTRAS INQUIETUDES ABSTRACTAS MÁS PROFUNDAS.


La flora desde todas las escalas. Mediante sus fotografías, Helene toma su fascinación por la botánica y sus inquietudes metafísicas y las transmuta en reflexiones sobre nuestra transitoriedad. En Livingrooms, mostró cómo el líquen reclamaba de vuelta una casa abandonada; en Borderlands, mostró los cambios en el ecosistema tras un incendio devastador. Su salto a la fama fue con sus estudios florales, que dieron a parar en la portada de National Geographic y que regaron su trabajo por galerías de toda Europa. Estas imágenes corresponden a sus series Blow Up, Carnivores y Linneaus; esta última concebida en torno a uno de los botánicos más famosos de la historia y con quien comparte nacionalidad. Así, llamamos a Estocolmo y nos encontramos con una voz dulce y paciente, que elegía cuidadosamente qué palabra sucedería a la siguiente.

Un aspecto que nos llamó la atención de tus fotos es que no son solamente “hermosas”, sino que desafían esa noción de la naturaleza como paradisiaca. Hay un elemento inquietante, una tensión en tu trabajo.

Siempre he estado interesada por la naturaleza, cómo nos relacionamos con la naturaleza, cómo pensamos en la naturaleza. Como tú dices, en el mundo occidental solemos pensar en el paraíso como un gran jardín, pero hay otras maneras de verla. Las plantas carnívoras son un ejemplo. Son capaces de atrapar, masticar, despedazar animales. Había este botanista, Claude Linneaus, que creía que Dios era incapaz de permitir tal cosa; el primero en entenderlo fue Darwin. Son hermosas, pero también tienen métodos de protegerse a sí mismas.

El veneno, por ejemplo.

Varios métodos: usan distintos tipos de líquidos, dientes, pegamentos; cada una usa un mecanismo distinto. Cuando trabajaba con ellas me enteré de una especie invasora, el kudzu. “Invasora” es un término de guerra, y me pareció muy interesante que también sea utilizado al describir a una planta. El kudzu es capaz de transformar su ambiente mientras devora a otras especies. Incluso viajé a Alabama, en Georgia, a capturar este fenómeno. Ya sea con las carnívoras o con el kudzu, esa idea de que la naturaleza era solamente bondadosa y sagrada era contradecida constantemente. Porque también puede ser agresiva y violenta cuando se lo propone.

¿Cuándo inició este interés en la fotografía?

Mi inspiración nace del cine. Estudié cine y teoría del arte, y vi muchas películas de Tarkovsky. Él habla de “esculturas en el tiempo”, y creo que mi trabajo tiene mucho que ver con eso.

Es como si dieras a entender cómo la naturaleza perdura más que nosotros. Por ejemplo, con tu serie de Livingrooms, me acordé del interludio a la mitad de Al Faro de Virginia Woolf: cómo la acción humana resulta casi inconsecuente frente al germinar constante de nuestro entorno.

Me halaga esa comparación. Sí, es sobre eso, y sobre cómo los humanos tratamos de tener el control. Tienes un pequeño jardín y ya tratas de ejercer control sobre él, pero hay tantos elementos, incluso dentro de nuestros cuerpos, sobre los que no tenemos ninguna injerencia. Vamos a desvanecernos y vamos a morir. Me gusta hablar sobre el tiempo y la impermanecia de cada ser. Pero la naturaleza también es muy frágil. Hay este vasto campo entre violencia y delicadeza, que es el que me interesa explorar.

Ahora bien, acerca de Claude Linneaus. ¿Cómo se convirtió en la figura central de tu proyecto?

Cada planta tiene dos nombres latinos: laurus nobilis, salix babylonica, prunus serrulata y así; es su nombre científico. Linneaus es el padre e inventor de esto y a eso debe su fama; lo que logró simplificó muchísimo las cosas. Cuando los botanistas trataban de explicarse qué flor habían encontrado, tenían que redactar una descripción de una página entera. Su sistema lo hizo todo más fácil, y aún hoy sigue siendo usado en el mundo entero. Al mismo tiempo, creó un sistema en el que explicaba cómo las plantas se procreaban sexualmente. Era artificial, y al mismo tiempo, en Francia, los científicos más modernos entendieron de sus fallas y entendieron que todo está en constante transformación. Sin embargo, pese a todo, es considerado uno de los científicos suecos más importantes de la historia, gracias a su nomenclatura binaria, que sigue siendo fundamental.

¿Y cómo lo abordaste?

La verdad es que me fascinaron sus escritos. Era un autor excelente, y la manera en la que explicaba a la gente de su tiempo, en el siglo XVIII, cómo se reproducían las plantas me pareció encantador. Así que decidí hacer este libro en el que trataba de razonar cómo creó este sistema. Me divertí muchísimo, y también me pareció muy interesante trabajar en la intersección entre arte y ciencia: trabajé con botanistas, biólogos, historiadores de ideas.

Pero el elemento artístico se mantiene.

Traté de convertir a las flores en arte, como si fueran esculturas, o como si fueran “otra cosa”, de manera que pudieras verlas desde una nueva perspectiva que no hubieras visto antes. En cuanto a las imágenes, la principal influencia fue un fotógrafo alemán, Karl Blossfeldt. Según él, todas las formas creadas por humanos en la arquitectura ya existían en la naturaleza.

¿Y cómo cambió tu relación con las plantas a lo largo del proyecto?

Siempre he estado muy interesada en observar cosas muy, muy pequeñas. No sé cómo explicártelo; de alguna forma, mientras contemplo estos pequeños seres, sucede algo religioso, algo que va más allá de la razón. No tengo que irme al campo para que suceda: puedo irme al parque, mirar la cáscara de una nuez y sentir una conexión muy poderosa con algo más grande, más profundo. Lo he sentido desde que soy una niña.

En la oficina hay mucha curiosidad por el equipamiento que utilizas.

Trabajo con técnica análogica, con el negativo, y pienso que eso tiene alguna relación con el mismo tema del tiempo. Me siento mucho más segura, porque es físico y puedo tocar a cada foto. Con la cámara digital todo es demasiado abstracto y me siento alejada de lo que estoy capturando. El proyecto de Linneaus fue tomado con placas de 4×5, 8×10, y con una cámara de gran formato. Siempre he preferido el análogico, pero cada vez es más complicado. Es más difícil, más caro, más lento, más pesado, más ceremonioso, te tomas más tiempo y tienes menos material del cual escoger. Cuando trabajas en digital, es más como tatatatatata y el trabajo viene después. Pero el analógico me parece un tanto más demandante y al mismo tiempo más emocionante.

Por último, quisiéramos preguntarte sobre tu perspectiva desde nuestra realidad ecológica actual.

Ese es un tema tan, tan complicado. Creo que tenemos que esforzarnos más en proteger nuestro planeta, pero es difícil. En Suecia, por ejemplo, el 5% del bosque es primario, el resto son granjas. Yo creo que el error del humano es traducir todos los valores en valores económicos. Digamos que tienes una especie de ave muy exótica. Dices: si utilizo este bosque, esta ave se extinguirá. Bueno, pero el bosque significa, digamos,
un millón de dólares; en cambio, la extinción del ave no tiene traducción económica. No podemos pensar solamente en términos económicos y tenemos que proteger esos tesoros que no son cuantificables. Está sucediendo en todos lados. Y sin embargo, tenemos tantas necesidades: queremos un auto, una casa, viajar. Hay que tomar muchos sacrificios y no queremos tomarlos. Es muy complicado.

 


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