Hermanos Haas

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Dos mellizos de Austin desafían al stablishment con sus adorables criaturas cubiertas de pelo. La maravilla es que también puedes sentarte sobre ellas.


No te lo tomes todo tan en serio. Mientras oleadas de artistas nos presenten propuestas cada vez más herméticas, este par de mellizos regresan a nuestras sensaciones primogéneas y liberan sus camadas de bestias deliciosamente palpables, cargadas de sexualidad. Los gustos más refinados se dejaron seducir por la atención al detalle y el ánimo jocoso, y los muebles acabaron en la sala de estar de Versace y Lady Gaga, y en el lobby del Ace Hotel de Roman Alonso y en la casa Louis Vuitton de Shangai. Todos los tipos de materiales han pasado por sus manos, pero nosotros estamos especialmente interesados por sus divertidas criaturas ensambladas con pelaje. En pleno noviembre, la galería R & Company les dedicó un nuevo show en Nueva York, y pudimos conversar con Nikolas (izquierda), una mitad del equipo, días antes de su inauguración.

Cuéntame sobre King Dong Comes.
Estamos muy emocionados. Vamos a presentar la escultura más grande que hemos hecho: el King Dong, que mide tres metros. Le hicimos un santuario completo. Pero nos tomamos toda la galería, y la llenamos de plantas, animales, “cosas”. Es el fruto de dos años de trabajo, y presentarlo siempre se siente increíble.

Tengo entendido de que esta vez tiene bastante que ver con la religión.
Sí, sí, va por allí. Como yo lo veo, el arte hoy tiene un rol en la sociedad muy parecido al que tuvo la religión en el siglo XIX, y estamos en un momento crucial: podemos tomar el camino positivo del bien común o ir hacia la autodestrucción. ¿Has visto cómo opera el mundo del arte? Los artistas, críticos y curadores de alguna manera guían tu pensamiento; guían cómo deberías comportarte. Las cosas que pasan en el mundo del arte tienen repercusiones en nuestra espiritualidad. Y es un mundo muy solemne, que se toma muy en serio, y nosotros siempre hemos ido contra eso. Entonces quisimos hacer explícita esa analogía, pero también divertirnos. Es un tributo al King Dong, que es una especie de Dios; una forma de alabarlo. He allí el juego de palabras. Ni siquiera sé si nosotros seamos artistas: hacemos muebles en los que casi nadie acaba sentándose. Entonces puede que seamos “diseñadores”, pero ese es un término muy occidental, y la división es muy artificial. ¿Para qué etiquetarse?

¿Cómo nacieron las bestias peludas?
Estaba con mi novia, que es fotógrafa, en Islandia. Y junto a una gasolinera, encontramos montañas y montañas de piel de borrego, esta hermosa piel de borrego, y estaban a punto de deshecharla. Lucía fantástico, y era extraordinariamente suave, así que tuve que traérmela. Era baratísima. Cuando se la mostré a mi hermano, decidimos que teníamos que usarla de alguna forma chistosa; como si fuese la caricatura de un animal de verdad. Al diseño de muebles de hoy en día le hace falta humor y también la hace falta sensualidad. Siempre es divertido ver las reacciones de los asistentes: miras su fastidio, pero también ves cómo suelen reírse sobre el asunto.

Por eso les pusieron genitales.
Son los órganos más hermosos de nuestros cuerpos, pero aún seguimos siendo puritanos al respecto. Es en lo que todos somos iguales: si eres un hombre, tienes un pene; si eres una mujer, tienes una vagina. Es parte de tu naturaleza, una de las partes más hermosas de tu naturaleza, y no tiene sentido pasarla por alto. Así que sí, creamos nuestras primeras criaturas y les pusimos estos testículos de cobre gigantes. Nos demoramos mucho esculpiéndolos, pero los resultados fueron increíbles: venían los críticos más entendidos, más venerados, y los tocaban, por un lado ruborizados y por otro partiéndose de la risa. Luego teníamos conversaciones maravillosas. Muchas veces, hablar sobre sexo es la mejor manera de conocer a alguien: bajas la guardia, e inmediatamente estás al mismo nivel. No es inocente, pero tampoco tiene por qué ser pornográfico. ¡Es el principio de todo!

¿Cómo funciona la relación con tu hermano? ¿Quién hace qué?
Somos mellizos, entonces nos conocemos demasiado bien. Lo que es genial es que cada uno tiene su fortaleza donde falla el otro: Simon es excelente con las palabras y los conceptos; yo soy mucho mejor en la parte técnica y aburrida del asunto. Pero hemos ido cambiando: resultó que mi hermano se convirtió en este genio de los materiales, y pasa mutando sustancias y jugando con diferentes texturas y superficies. A estas alturas, no sé si haya un material con el que no haya trabajado. Yo me dedico a la escultura y a moldear el material. Pero es como si fuésemos una persona; como si tuviésemos telepatía. Además, mi hermano está obsesionado con la parte filosófica de la cuestión, y yo creo que los conceptos que trae a la mesa son los que hacen que todo esto tenga sentido. Fue cuando él se dio cuenta que no teníamos por qué seguir a nadie, y solo ser nosotros mismos, que nuestra obra tomó rumbo.

¿Cómo empezó todo?
Yo pensaba que iba a ser músico. Lo tenía idealizado, y la verdad es que no me estaba yendo tan mal. Teníamos una banda con Vincent Gallo, que se convirtió en quizás nuestra principal influencia en esa época. Era todo muy divertido, pero la verdad es que lo mío era la construcción: había trabajado en una constructora, y era para lo que tenía habilidad. Un día, llegó Tobey Maguire, que estaba haciendo su nueva casa, y nos llamó a mi hermano y a mí para que conversemos con el arquitecto, Johnston Marklee; “porque ustedes entienden esas cosas mejor que yo, y porque sé que les encanta su trabajo”. Llevamos recortes y unas pocas ideas que habíamos desarrollado a la reunión, y todo salió tan bien que decidió contratarnos. Así que rentamos un estudio en Los Ángeles, y luego todo pasó casi demasiado rápido.

Tus padres eran artistas.
Por supuesto; la verdad es que habíamos empezado a hacer cosas desde mucho antes. Mis recuerdos de la infancia son todos increíbles: de vuelta en Austin, crecimos en el ambiente más creativo, más libre que te puedas imaginar. Mamá es cantante de ópera, papá es escultor, nuestro hermano mayor es actor (Lukas Haas es el empresario en cuya mente tratamos de insertar una idea durante Inception). Entonces no solo estábamos acostumbrados a ser parte de ese mundo, sino que empezamos a colaborar y a hacer nuestras propias piezas desde que éramos muy pequeños. Cuando teníamos doce años hicimos estas zapatillas afelpadas en forma de vagina, y recuerdo que logramos venderlas por 200 dólares. ¡Eran tan poco funcionales como lo que estamos haciendo ahora!

En otro tema, se fueron a Sudáfrica el año pasado.
Fue genial, y lo necesitábamos mucho. Sí, hace un par de años fuimos a Ciudad del Cabo, que fue nombrada capital mundial del diseño, y nos encontramos con estos animales cosidos que nos parecieron asombrosos. Así que les propusimos a las artesanas, que eran negras, y vivían una vida muy marginalizada, que hagamos un proyecto entre todos. Al principio estaban asustadas, porque siguen siendo parte de procesos muy abusivos, pero pronto entendieron que no íbamos por allí. Realmente fue una manera de regresar a la realidad: veníamos de vender miles y miles de dólares en Miami, los jóvenes súper estrellas, y de repente nos vemos en Kairicha, donde a nadie le importa quiénes somos, en un ambiente ultra racista y donde las oportunidades son terriblemente escasas. Recién allí nos dimos cuenta de lo privilegiados que somos; que la mitad de lo que hemos conseguido prácticamente nos lo sirvieron en bandeja. Las piezas quedaron increíbles, y montamos una feria en Ciudad del Cabo para presentarlas. Para muchas de las artesanas, era la primera vez que visitaban el lugar.

Te da perspectiva.
Sí, exacto. La clave fue hospedarnos donde ellas -las llamamos Haas Sisters durante el proyecto-, no en el mismo hotel lujoso que es exactamente igual en todo el mundo. ¿Sabes? Lo que la mayoría de gente considera “lujo” es casi una prisión. Llegas a cierto nivel y empiezas a deshumanizarte. El lujo verdadero es ser tan feliz como puedas ser; ese punto maravilloso en el que tienes suficiente para sustentarte, pero estás suficientemente libre como para mandar todo al carajo. Llegas a esa libertad, a ese equilibrio, y te la pasas muy bien. Pero te lo digo como un hombre blanco que creció con todos estos privilegios y que te vende una mesa en un millón de dólares. Mi única justificación es que ensamblarla nos costó 300.000, y que nos demoramos mucho en que quede así.


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