Jack London



A orillas del río Yukón, en Canadá, una estampida de hombres deseosos de riqueza se enfrentaron a la nieve y llenaron sus sacos de casi 20 metros cúbicos de oro. Entre ellos estaba Jack London. De vagabundo a escritor millonario, sus textos probaron la resistencia del más fuerte en los brazos del invierno perpetuo.

Jack London vivió con su madre en San Francisco entre mudanzas y cuentas por pagar. A finales del siglo XIX, Estados Unidos se olvidaba de la agricultura e iniciaba a fundar fábricas. Jack tuvo muchos empleos con turnos de dieciséis horas: soldador, molinero, ferrocarrilero y vendedor de periódicos. Le habían contado que su padre era un famoso astrónomo.Cuando era adolescente, envió una carta al señor William Chaney explicándole que era su hijo. El astrónomo le constestó que pese a que vivió con su madre durante un tiempo, nunca fue su amante y que en aquel entonces era impotente.

Jack London decidió zarpar en la goleta Sophia Sutherland, visitar el Oriente, traer especias y telas, ser famoso y rico. Sin embargo, solo pudo regresar con deudas y calambres en todo el cuerpo. Además allá había aprendido sobre el socialismo, viajó a Nueva york y se incluyó en las marchas de trabajadores. La policía lo encerró treinta días por vagabundear; allí aseguró que había conocido formas de maltrato inconcebibles en su mente, y que tanto adentro como afuera la única ley que rige al mundo es la del más fuerte.

Su madre adoptiva le prestó dinero para la compra de una goleta, hizo pocos viajes no muy prósperos hasta que tuvo que venderla como chatarra. Para Jack, el socialismo representaba un trabajo y una vida apacible. Por supuesto que aquello era imposible sin tener comida ni un sueldo. Entonces se encontró con una mina de oro, una odisea hacia el norte canadiense a orillas de un río turbio y una manada de competencia. Trabajó en Klondike durante la Fiebre del Oro de 1986. Su fortuna crecía al igual que se acercaba a una muerte dolorosa con escorbuto y desnutrición. Entre la nieve, Jack se dedicó a escribir cuentos acerca de aquel invierno infinito.

Un periódico aceptó pagar cinco centavos por su primer cuento to Build a Fire. En pocas páginas, describió los continuos errores de un minero que intenta prender una fogata a orillas del Yukón. Con pánico al escribir cada letra, Jack se propuso continuar con la escritura y hacerse rico con ella.

Un perro llamado Buck protagoniza su novela the Call of the Wild, Jack la vende a 2 500 dólares a principios de 1901. La historia recorre California y la costa oeste de Canadá, Buck es vendido a mineros de Yukón y debe aprender a jalar del trineo entre la nieve que lo cubre hasta el pecho. Años más tarde publica la novela White Fangm acerca de un lobo que sobrevive entre apostado res de peleas caninas y el gélido valle de mineros locos por el oro.

Cada una de las palabras que Jack London imprimió hablan del instinto. Él aseguraba que toda decisión debe ser tomada en base al razonamiento simple, así que se casó con una mujer a la que no amaba pero que poseía excelentes cualidades para ser madre. Sus palabras fueron: “Contraigo enlace y la razón me dice que está apoyado en la salud, en la sensatez y la compatibilidad. Mi intelecto disfrutará de este matrimonio”.

Sin embargo, firmó el divorcio unos años más tarde y abandonó a sus dos hijas. Amistosamente decidió dejarla para comprar una finca y retirarse al campo por el resto de su vida. Construyó novedosas invenciones para que su hacienda sea más productiva, pero falló en todo cálculo y decidió que escribir y publicar libros sería la única forma de hacerse rico. El socialismo había quedado en pausa, comentó: “escribo un libro por la razón de añadir trescientas o cuatrocientas acres más a mi magnífico estado”. Más de 100 escritos entre novelas y cuentos se publicaron con su nombre, se casó de nuevo y dedicó su largo tiempo libre al whisky.

En 1916, murió con fiebre y uremia en una pequeña terraza al lado de su esposa y sus perros. Había pasado noches de agonía acompañado de morfina. Algunos de sus personajes mueren con pequeñas sobredosis de narcóticos al igual que su autobiografía lo coloca en el borde de un puente, listo para saltar. Su finca, Beauty Ranch, ahora organiza visitas guiadas en las que se narran los últimos años de Jack London, una piedra cubierta de musgo marca su tumba y la de su segunda esposa. Desde las calles de San Francisco se planean travesías hacia el yukón, se trata de seguir los pasos de Jack London y sus canes cien años más tarde con instrumentos antiguos y pocas esperanzas de volver.


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